Es inconcebible que la Asamblea Nacional se haya convertido en un obstáculo, aproximadamente insalvable, para que el Gobierno lleve a cabo las reformas necesarias y urgentes en materia económica y laboral.

No es posible que los partidos y movimientos políticos que integran el órgano legislativo se hayan confabulado perversamente, casi en un pacto colusorio, para que las propuestas del Ejecutivo sean rechazadas de plano con argumentos traídos de los cabellos, perjudicando a la urgente reactivación económica y la impostergable modernización laboral. Los representantes del pueblo en la Función Legislativa no tienen otra misión que coadyuvar a la siempre anhelada estabilidad democrática para conseguir el progreso y el despegue del país hacia mejores días. El bochinche, el entrampamiento en la aprobación de leyes y las mañoserías en las que incurren algunos despistados de su verdadera misión en el interior del parlamento, en nada contribuyen para mejorar su imagen. Señores asambleístas, no hay tiempo que perder, la nación exige de ustedes un comportamiento sin odios ni revanchas, y que sus esfuerzos diarios contribuyan al mejoramiento de vida del pueblo.

El filósofo griego Zenón dijo: “Ninguna pérdida debe sernos más sensible que la del tiempo, puesto que es irreparable”. (O)

Franklin Guillermo Pérez de Castro, doctor en Jurisprudencia, Quito