Cruzan el estero Huaylá con cuchilla y limón al cinto. Nadan. Se zambullen. Esquivan lanchas. Degustan ostiones entre zumbidos de mosquitos. Al otro lado del pueblo las campanas de la iglesia tañen seis veces sugiriendo el regreso. Sirenas de buques anuncian partidas y llegadas; pelícanos se lanzan en picada hacia presas que pescadores echan al mar. Chicos y adultos vivían alegres. Respiraban sueños; no miedo, preocupación, incertidumbre.

Hoy Puerto Bolívar está en zozobra por un COVID-19 implacable. Muchos temen tocar, oler, pensar. Se atrincheran. Evaden la muerte, que tumba puertas de a dos o tres por visita, en un escenario carente de una acción eficaz de las autoridades seccionales para mitigar los contagios. La indisciplina social de algunos agudiza la situación y pone en riesgo a una comunidad afectada por desempleo, inseguridad y necesidades básicas insatisfechas reclamadas antes de la pandemia, que evidencia la urgente necesidad de un hospital, una planta de tratamiento de aguas servidas, de descontaminar y recuperar el estero y el borde costero, agua potable constante, entre otras demandas.

La Alcaldía y la Prefectura han repartido kits alimenticios en sectores vulnerables, tarea complementada por ciertas donaciones agrícolas coordinadas con algunos dirigentes; sin embargo, pobladores que se ganan el sustento diario, como los pescadores artesanales y otros, están presionados económicamente para retomar sus actividades. Algo complejo en este escenario temeroso de un crecimiento exponencial del virus. Faltaron campañas locales de concienciación más contundentes, para que el residente no sea factor de riesgo, sino de protección de sí mismo y su entorno. Se necesita una planificación conjunta entre las autoridades y la ciudadanía porteña en cuanto protocolos de prevención, censo de contagiados y realización de pruebas rápidas en cada barrio, adecuación inmediata de sitios de aislamiento y atención.

Hay quejas de inefectividad del 911, del poco apoyo del Ministerio de Salud Pública, en una emergencia sanitaria que a más del coronavirus involucra al dengue y enfermedades crónicas. Las autoridades deben garantizar el continuo suministro de agua, y fiscalizar que a todo trabajador en Autoridad Portuaria y otras entidades se les provea su equipo de bioseguridad; existen reclamos al respecto y, a falta de dicha protección, algunos dejaron de asistir a sus labores por salvaguardar a los suyos. Se debe intensificar la acción preventiva para que la parroquia no sufra más estragos. Muchos ciudadanos se han apoyado con atención y remedios de generosos médicos particulares; otros acuden a plantas y medicinas naturales para ganar la batalla.

Puerto Bolívar simboliza temple, sacrificio, constancia; mujeres y hombres sumando fuerzas en históricas jornadas de lucha y trabajo. Hoy no solo enfrentan al COVID-19, sino también a años de abandono. De esta emergencia saldrán unidos, fuertes, para emprender su marcha. Los pelícanos revolotearán nuevamente, las campanas tañerán alegres, y los niños volverán a chapotear en las orillas y el estero. (O)