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2020, año electoral

Gobernar a la sombra de 17 millones de ciudadanos es una carga pesada. Lo es para el actual presidente y lo será para el próximo. Más aún en circunstancias que el pesimismo de los ecuatorianos está en un nivel récord, según las encuestas.

La falta de empleo aparece como el principal problema de la población, en un escenario de estancamiento de la economía y recortes de personal tanto en el sector público como el privado.

Después del golpe que significó la Ley de Simplicidad Tributaria se hace más urgente retomar una agenda de reactivación productiva que sirva para paliar la crisis.

El sentido común indicaría que la Reforma Laboral se torna prioritaria, pero la debilidad del Gobierno y los cálculos político/electorales de los asambleístas dificultan el debate de una propuesta ambiciosa.

La clave sigue siendo modalidades de empleo a tiempo parcial sin elevados costes de desvinculación. Pero sigue siendo un tema tabú para las centrales sindicales.

Entre tanto, irrumpen como protagonistas de la campaña los dirigentes de la Conaie Jaime Vargas y Leonidas Iza, con elevados índices de credibilidad en Quito, a pesar de ser promotores de una protesta violenta que degeneró en caos y vandalismo, con el saldo de víctimas inocentes.

Desde la izquierda comienzan a ser vistos como eventuales outsiders, aunque no cabe confundir credibilidad con intención de voto. Una lectura precipitada puede resultar un fuego fatuo.

Llama la atención que las abrumadoras denuncias de corrupción no hayan hecho mella en la popularidad del expresidente Correa. Quienes de alguna manera fueron beneficiarios de su dispendio y avalan el discurso revanchista ciegamente siguen creyendo en él. Pero la probabilidad de que sea sentenciado por peculado en el caso Sobornos es alta, lo cual impediría su participación en cualquier cargo de elección popular desde la vicepresidencia para abajo.

Y sin el Mashi el correísmo no es lo mismo. Carentes de carisma, sus segundones ya hubieran sido dispersados de no mediar la torpeza política del morenismo. Aún con su karma de autoritarismo y latrocinio, su participación no puede ser desestimada.

Los primeros precandidatos ya se lanzaron a la arena. Lasso con la experiencia de dos campañas presidenciales a cuestas y la duda de que el apagón digital pudo haberlo privado de un legítimo triunfo en 2017. Lucio desempolvó su legendaria guerrera luego de 20 años y de la mano de su fiel Ximenita recordó nostálgico los logros de su fugaz gobierno.

La principal definición pendiente es si Nebot va a postular. No puede demorar su decisión porque le urge dar una clara señal de compromiso a sus partidarios que siguen en compás de espera. Por su incesante actividad de proselitismo, no da la impresión de estar pensando en el retiro.

Al momento, lo más importante para el proceso electoral es recomponer la institucionalidad del CNE, sujeta a tantos quebrantos. De ser un monopolio del correísmo pasó a ser un oligopolio de las fuerzas políticas representadas, que se han repartido la troncha de sus distintas áreas, incluidas las Juntas Provinciales Electorales, a manera de feudos.

De esta forma, la Corte no puede garantizar la libertad de sufragio que debe ser rescatada de tanta marrullería que imperó durante la década perdida.

Al menos, las reformas al Código de la Democracia son en general positivas. El cambio del método de repartición de escaños, el voto por listas, el mantenimiento de los distritos, entre otras, son favorables al desarrollo del próximo evento electoral. (O)

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