Las alarmas del devastador hongo R4, también conocido como el mal de Panamá, están encendidas, el ministro y sus asesores no pueden hacer más allá de lo que están haciendo, los cercos fitosanitarios son los correctos, se está recurriendo a la comunidad científica entendida en el tema; al momento no hay las semillas resistentes a este mal ni las moléculas agroquímicas apropiadas para combatir la pandemia agrícola, esto significa que se deben poner en práctica las medidas precautelares a tiempo.

Para el efecto, se requiere disciplina en el manejo del cultivo, buen uso de las herramientas agrícolas y sin resignarse ni doblegarse ante este cáncer fitopatológico, hay que trabajar, no dejarse doblegar por la adversidad, tener sumo cuidado con los rumores, contamos con profesionales talentosos entendidos en la materia. Es el momento en que el apoyo incondicional del Estado se haga presente. Sabido es que el banano constituye el primer rubro agrícola de exportación que genera fuentes de trabajo e ingresos de divisas al Estado. Pongámosle fe, todos unidos salvaremos obstáculos, seamos positivos, ya por ahí hablan de que la banca ha restringido los créditos al sector bananero, no quisiera pensar que es verdad, los banqueros con los pies sobre la tierra están consciente de que el negocio tiene sus altas y bajas, por lo que no van a permitir que el barco se hunda con la carga de la inversión financiada en buenos y malos momentos, no hay que desalentarse.

Como decimos en términos callejeros, la “pelea es peleando”, sigamos trabajando la tierra con la consigna de que venceremos al mal, luchemos unidos, este mal no es de uno, es de todos. Hagamos lo que tenemos que hacer, no esperemos a que nos lo den haciendo. Hagamos conciencia de que estamos enfrentando la crisis con paliativos bien direccionado. Los desafíos siempre están en el camino o en la puerta de la esquina. Estamos a tiempo, hemos resistido la plaga de los piratas saqueadores de las arcas del Estado, algo que tiempo atrás parecía imposible, los malandrines han superado con creces los virulentos ataques fitopatológicos no solo del banano sino de otros cultivos de exportación; el mal de Panamá data desde antes de los años 60 cuando el banano se lo exportaba en racimos cubiertos de chanta, se lo transportaba en lanchones hasta los barcos que anclaban en el río Guayas, para enviarlo procesado en empacadora y clasificado en clúster dentro de las cajas como actualmente se lo hace, luego de pasar por una serie de controles fitosanitarios y técnicos, cumpliendo con los protocolos internacionales. Nuestro banano es singular en su sabor y textura, por lo que es apetecido en los mercados del exterior.(O)

Carlos Emilio Pérez Weisson,

abogado, Guayaquil