Si bien resulta prematuro realizar un análisis objetivo de la decisión política del movimiento Madera de Guerrero de lanzar la precandidatura de Cynthia Viteri, se puede intuir que dicha opción responde más a un posicionamiento en el tablero electoral antes que a un cálculo de un previsible triunfo en las urnas. Jaime Nebot, como político sagaz e inteligente que es, conoce plenamente que la única vía que tiene la oposición y específicamente los sectores del centro y de la derecha de derrotar la alternativa oficialista es a través de una candidatura que aglutine e incorpore, no que excluya y disperse.
En ese escenario, es también conocido que las alternativas del centro y de la derecha son esencialmente dos, el propio Nebot o Guillermo Lasso; siendo pública la decisión del alcalde guayaquileño de no lanzarse a la carrera presidencial, hubiese sido pertinente unirse en torno a la candidatura de Lasso, quien ha mantenido una campaña seria y sostenida en los últimos meses. Desafortunadamente para quienes esperaban esa cohesión electoral, esta parece diluirse –al menos por el momento– entre los recelos, egos y pocas simpatías que circulan de manera vertiginosa, propiciando de esa forma la dispersión que previsiblemente puede provocar el descalabro de las chances electorales de ese sector ideológico. Quisiera equivocarme, pero tiene sustento el irónico agradecimiento que realizó en días pasados el presidente de la República, al referirse a la postulación de la asambleísta Viteri, así como la fragilidad de la oposición en términos de unidad electoral.
Hay también quienes advierten que la lectura política debería revisarse bajo otros parámetros, con la especulación de que a Nebot lo que realmente le interesa es la conformación de la nueva mayoría en la próxima Asamblea Nacional. En todo caso y de mantenerse la mencionada dispersión, tengo la impresión de que resultará difícil derrotar al candidato oficial en las elecciones presidenciales del 2017, especialmente si ese candidato es Lenin Moreno, el cual en la mayoría de las encuestas se mantiene con una importante expectativa de voto. Ese es un detalle que seguramente está analizando con prolijidad el régimen, más allá de que hay otros elementos que entrarán también en consideración: ¿a quién prefiere Rafael Correa como candidato?, ¿puede tolerar la salud del exvicepresidente los rigores de una carrera electoral y un eventual ejercicio presidencial?, ¿cómo terminará pesando la actual crisis económica con señales de empeoramiento cotidiano?
Pero más allá de esas conjeturas, las señales enviadas por los sectores del centro y de la derecha de nuestro país no alimentan las expectativas de una victoria electoral en las elecciones presidenciales. Quizás resulte inoportuno señalarlo en términos de corrección política, pero basta ya de autocompasión: si la oposición no encuentra el talento, la sinergia y la cohesión para virar el tablero electoral, lo tenemos bien merecido. Que nadie se queje después. (O)










