Quienes amamos nuestra ciudad la vemos en la amplia perspectiva del Gran Guayaquil, fundamental centro productivo, comercial, financiero y de servicios de la Cuenca Baja del Guayas y del país que constituye el complemento de la productividad y necesidades comerciales, de trabajo, estudios, servicios y logística de los residentes de las provincias del Guayas, Los Ríos y El Oro, fin para el cual constituyen piedra angular los afluentes y el río Guayas, su Puerto Marítimo y sus terminales aérea y terrestre. El funcionamiento y mantenimiento de las dos eficaces y eficientes terminales es responsabilidad de la Municipalidad de Guayaquil, y el Puerto Marítimo, de la Autoridad Portuaria de Guayaquil, entidad cuya autonomía financiera le permitió hasta el año 2004 autofinanciar el mantenimiento de su canal de acceso con el producto de los excedentes anuales de más de US$ 20 millones, resultantes de la diferencia entre ingresos por tasas portuarias por uso del canal y gastos operativos e inversiones en obras. El último Estado de Situación Financiera de Autoridad Portuaria de Guayaquil, según su página web, presenta que poseía a fines del 2011 US$ 56,3 millones en disponibilidades e inversiones financieras. Según estudios realizados el año 2005, APG debió contratar en el 2009 el dragado integral del canal, complementario del mantenimiento suscrito con la Digeim por cinco años finalizados el 25 de julio del 2013. Mientras más demore la APG en contratar el dragado con naves de alta capacidad y velocidad de dragado y transporte del material a una fosa profunda, cada vez será más lento el recorrido de las naves de carga desde la boca del golfo a los muelles debido a la permanente acumulación de limo en su fondo. El limo acumulado proviene de la erosión de la tierra de las riberas de los ríos Daule y Babahoyo, trasladada al canal por la corriente de esos afluentes del Guayas. Y mientras en el canal de acceso continúa la diaria acumulación de sedimentos, participamos de una polémica estéril, pues en lugar de discordar, pensando en el futuro del Gran Guayaquil, ambas autoridades deberían concordar en que es imprescindible el dragado del canal de acceso al Puerto Marítimo sea a 9,5 metros para mantener su profundidad histórica o a 11,5 metros para servir a naves de mayor calado, incluyendo el sector de las rocas. Las necesidades de la Cuenca Baja del Guayas no terminan con la ejecución de esta obra, luego toca mantener la profundidad de los cauces de los ríos para disminuir el volumen de sedimento por eliminar, acción que implica que el gobierno diseñe y ejecute un Plan de Remediación de la Erosión de las riberas de los dos afluentes del Guayas y continúe con el dragado permanente de mantenimiento de ríos y canal de navegación. Con estas acciones se mitigaría el riesgo de inundaciones de los centros poblados de la Cuenca Baja en caso de lluvias de la magnitud de los inviernos de los años 1982-1983 y 1994-1995. Debe incluirse además en dicho plan la navegabilidad de los ríos Daule y Guayas para naves de transporte de pasajeros desde los cantones, pueblos y ciudadelas ribereñas con el objetivo de prever el creciente caos que ocasiona el progresivo crecimiento del tráfico de vehículos motorizados e incentivar el turismo externo e interno. La realización de estas obras es una prioridad del Gran Guayaquil, y la navegabilidad de los ríos, una excelente contribución al futuro de la Cuenca Baja del Guayas.









