Israel tiene 16 años y está próximo a cumplir 17. Dice que cuando sea grande quiere ser futbolista, aunque su mirada, un poco perdida y pensativa, evidencia que no está completamente seguro aún.

Creció en El Arbolito, uno de los sectores vulnerables de Durán, en la provincia del Guayas.

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Allí vive con su abuela y con un primo de 11 años, a quien considera su hermano.

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Asiste a un plantel educativo fiscal que, según la Policía, ha sido acechado por bandas delictivas que buscan reclutar a menores de edad para que cometan delitos.

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De su grupo de amigos, Israel es el único que sigue con vida. La mayoría de ellos se vinculó a organizaciones delictivas del cantón y murió en medio de conflictos relacionados con el microtráfico.

Según fuentes policiales, la mayoría de las muertes violentas en Durán tiene relación directa o indirecta con este delito.

“Sembrando oportunidades”: Un refugio para jóvenes

Israel es uno de los más de 100 adolescentes que forman parte del proyecto social Sembrando oportunidades, impulsado por la Policía Nacional del Ecuador en el cantón Durán.

La iniciativa busca prevenir que los menores sean reclutados por el crimen organizado en uno de los distritos más peligrosos del Guayas, donde en 2025 casi 50 menores fueron asesinados. Algunos habrían tenido vinculación con bandas criminales, según autoridades.

Actividades y el impacto del programa

En una tarde reciente, decenas de adolescentes, de entre 13 y 17 años, ocupaban las canchas de fútbol de la Universidad Bolivariana del Ecuador (UBE), un espacio donde regularmente se desarrollan actividades del programa.

Los chicos son de barrios vulnerables como El Arbolito, Divino Niño, sector 5 de Junio y El Recreo. Asisten de martes a viernes desde el mediodía hasta las 17:00.

“Los muchachos han sido escogidos de barrios conflictivos, porque tienen una alta probabilidad de ser reclutados”, indicó Santiago Gavilanes, subjefe policial del distrito Durán.

Mientras unos jugaban fútbol, otros recibían clases sobre el uso ético y responsable de la inteligencia artificial, y un tercer grupo participaba en talleres sobre valores y formación personal.

Los niños reciben clases de informática, valores, fútbol y otras disciplinas. Foto: Carlos Barros

Entre risas y gritos, los jóvenes cumplían con cada dinámica. En ese ambiente, por momentos, no se percibía la realidad compleja que muchos enfrentan.

Todos tienen sueños, pero la realidad es que sus condiciones socioeconómicas no les han permitido acceder a una buena educación o tener oportunidades.

“Tenemos muchachos con realidades extremas”, comentó Gavilanes sobre esto.

Como el caso de Julio César, de 12 años, quien sueña con ser futbolista. Tiene siete hermanos y, en ocasiones, come una sola vez al día. Esta situación se refleja en su estatura y contextura, que no corresponden a su edad.

Otra lamentable historia es la de Valeria, de 16 años, quien perdió a su madre y su padre por hechos violentos vinculados al microtráfico.

“Cuando reclutamos a los menores empezamos en los colegios, con la ayuda de los docentes que nos decían qué chicos tenían problemas”, explicó una de las instructoras.

Añadió que el proceso de adaptación no es sencillo: “Lo fuerte es el primer mes, hasta que se adapten, aprendan a pedir permiso, no decir malas palabras, no usar aretes y no pintarse el cabello”.

En Durán, la Policía ha identificado al menos cuatro unidades educativas donde se han registrado hechos de violencia dirigidos a estudiantes.

“Los jóvenes que morían eran de estos colegios y este año hicimos seguimiento a los menores detenidos y la mayoría son de uno de esos planteles”, indicó la instructora.

Compromiso de la Policía con el programa

El subjefe del distrito de Durán, Santiago Gavilanes, se ha propuesto demostrar a los jóvenes que “estar del lado de los buenos tiene muchas ventajas”.

Hace ocho meses se inició este proyecto con el acercamiento a los padres de los menores y, desde entonces, ha logrado establecer alianzas con fundaciones y el sector privado, que en ocasiones aportan con víveres.

En el caso de la UBE, la institución facilita sus espacios para que los adolescentes realicen actividades deportivas y formativas.

“Aquí les enseñamos disciplina como el corte de pelo, el tema de la utilización de aretes, vestimenta. Es decir, retornar esos valores que son básicos para una convivencia normal”, mencionó.

Gavilanes adelantó que, aunque el programa intensivo culmina en abril, cuando los chicos retornen a clases, los encuentros se mantendrán todos los sábados para dar seguimiento a cada uno de los niños.

“Uno de los requisitos para que estén aquí es que los chicos no abandonen las escuelas y los colegios. Una vez que esto finalice, ellos van a recibir un kit escolar”, expresó.

Gavilanes comentó que más adelante se espera otorgar becas en distintas disciplinas a quienes están por culminar el colegio.

El subjefe reafirmó su compromiso con este proyecto, que considera necesario para prevenir el reclutamiento y el aprovechamiento de los GDO, que los convencen con falsas ilusiones.

“Esto no es un vacacional, es un programa que busca salvar a los niños y, si de esos 120 logramos salvar un gran porcentaje, será un éxito”. (I)