Esta es la última conversación de una madre con su hija. Después, desapareció.

“¿Qué hay, Alina, cómo va? ¿Qué tal? ¿Cómo va la cosa?”, escribió la madre.

“Mamita, ya voy para la casa, ya le cuento lo que me pasó acá”, le respondió.

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Este diálogo ocurrió por mensajes de texto a las nueve de la noche del sábado 27 de diciembre.

Ese día, Puerto López, una pequeña ciudad al sur de Manabí, atravesó por una jornada de violencia que dejó tres muertos. Al día siguiente, domingo, habría seis más.

Uno de los muertos del sábado era el novio de Alina Pihuave, una exreina de belleza del lugar.

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“A eso de las 11:00, ella salió de su cuarto corriendo porque le habían llamado para decirle que al novio lo habían asesinado. Justo estaba aquí mi esposo y la acompañó al subcentro”, dijo su madre, Mayra Narváez, en una entrevista para la agencia API.

Ese día regresó dos veces a la casa. Primero para recoger ropa del fallecido y, luego, para alistarse e ir al velatorio en Salango (parroquia de Puerto López).

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Después, a las nueve de la noche tuvieron la conversación por mensajes. Se supone que agarró un taxi para regresar a la casa, pero pasaron los minutos y no llegaba; los padres empezaron a preocuparse. Acudieron al lugar y nadie sabía nada. La llamaron, pero su teléfono ya estaba apagado. Desde entonces no hay rastros de Alina.

El viernes 27 de febrero se cumplieron dos meses de su desaparición. Mayra Narváez mantiene la fe de que su hija sigue con vida. “Para ser sincera, yo no siento que mi hija esté muerta. No, no la siento”, señala.

Masacres, secuestros y desapariciones, una escalada de violencia que atemoriza a Puerto López: ‘Hay una gobernanza criminal’, explican expertos

El misterio de 86 personas de las que no se sabe nada

Este no es un caso aislado. El coronel Willian Calle, comandante de la Policía en Manabí, reconoce un patrón preocupante. Desde 2025 hay alrededor de 86 casos de desaparición donde las víctimas se han “esfumado”. De esta cifra, entre 47 y 48 casos corresponden a personas que llegaron a una playa, o salieron a pescar, o abordaron embarcaciones y no regresaron.

“Hay barcos que han salido con 20 personas y no aparecen. Esto es reiterativo”, afirma.

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El oficial relaciona algunos de estos casos con el narcotráfico y advierte que muchas familias desconocen las actividades reales de sus parientes.

Para reforzar la búsqueda de estas personas, Calle solicitó apoyo especializado. La Policía desplegará canes entrenados en el rastreo de restos humanos y utilizará drones en zonas rurales y costeras. Además, coordina acciones con la Dinased para reconstruir los últimos movimientos de los desaparecidos.

Los desaparecidos de Valencia

Jueves, 24 de julio de 2025. Lo que empezó como un viaje normal terminó en un vacío absoluto. Seis personas salieron de Valencia, Los Ríos, con destino a Puerto López; ocho meses después, solo quedan un vehículo vacío en el que viajaban y una pregunta que atormenta a sus familiares: ¿cómo pueden desaparecer sin dejar rastro?

Ellos habrían asistido a una reunión en Guayaquil por temas laborales para después viajar hacia Puerto López, en la provincia de Manabí. Desde ese momento sus celulares quedaron fuera de servicio y no se volvió a saber nada.

En este caso, la Policía analiza fotografías tomadas en distintas playas y el punto donde apareció el vehículo en el que se transportaban. Además, revisan sectores específicos para establecer una línea de tiempo clara, afirma el oficial. Ocho meses después, la incertidumbre persiste.

El fenómeno supera los límites provinciales. Según el Ministerio del Interior, en 2025, desaparecieron 7.291 personas en Ecuador. De ellas, 5.907 fueron localizadas con vida y 403 fueron encontradas fallecidas. Otras 981 siguen sin paradero.

En Manabí se reportaron 410 casos ese año: 298 personas regresaron; 28 fueron halladas muertas y 84 continúan desaparecidas.

En lo que va de 2026, la provincia suma 29 denuncias. Dieciséis personas aparecieron, tres fueron halladas sin vida y diez aún no tienen ubicación. Detrás de cada número hay una familia que espera respuestas.

Mexicanización: el marketing del terror tras las desapariciones

Para Katherine Herrera, experta en seguridad, la ola de desapariciones y asesinatos responde a disputas territoriales entre estructuras locales.

Ella hace una diferenciación entre crimen organizado transnacional y lo que denomina “crimen desorganizado”: pandillas, o grupos de delincuencia organizada que ejecutan secuestros, extorsiones, microtráfico y prestan servicios a organizaciones mayores.

“Estos grupos necesitan violencia constante para controlar barrios y comunidades. Buscan enviar mensajes tanto a sus rivales como a la población y la brutalidad se convierte en una herramienta de control ”, explica.

Cinco cabezas humanas aparecen colgadas en una playa de Puerto López, en Manabí

Herrera sostiene que en Manabí y otras provincias costeras existe influencia de carteles mexicanos. No habla de una presencia directa permanente, sino de una injerencia que se refleja en las prácticas.

Describe que hay una “mexicanización” de métodos: entierros clandestinos, cuerpos arrojados al mar, ejecuciones públicas y mensajes intimidatorios.

Según la analista, estas acciones funcionan como una forma de marketing criminal”. Mientras más visible y sangrienta resulta la violencia, mayor es el impacto y la capacidad de intimidación.

Evolución de la violencia

Herrera señala que las estructuras ecuatorianas han evolucionado. Primero replicaron dinámicas de disidencias colombianas; luego, adoptaron prácticas de carteles mexicanos y pandillas centroamericanas. Con el tiempo, adaptaron esos métodos a la realidad local.

En su análisis, el crimen desorganizado genera la mayoría de muertes violentas y desapariciones. Estos grupos operan a diario en barrios y puertos.

Advierte que, si el Estado no reduce la influencia externa y fortalece el control territorial, la violencia podría extenderse hacia la Sierra y la Amazonía.

Nueva estrategia

El experto en seguridad Renato Rivera señaló que es necesario analizar si la desaparición de cuerpos en Manabí responde a una nueva estrategia criminal vinculada a disputas territoriales.

Explicó que tras un periodo de hegemonía de Los Choneros habría que determinar si Los Lobos están aplicando una táctica de ocultamiento de cadáveres, especialmente en zonas cercanas a puertos pesqueros artesanales, donde —según indicó— se concentran varios casos.

A su criterio, esconder cuerpos puede ser parte de una estrategia para evitar la atención mediática y el control de las autoridades o para limitar una mayor presencia policial y militar en esos sectores. No obstante, aclaró que se debe establecer si este patrón constituye un modus operandi específico de ese grupo en la provincia.

Rivera descartó calificar el fenómeno como una “mexicanización” de la violencia. Considera que podría tratarse de un efecto derivado de la militarización de la lucha contra el crimen organizado, lo que habría modificado las formas en que operan y ejercen violencia las estructuras delictivas.

Recordó que desde la declaratoria de conflicto armado interno en el país las cifras de desapariciones han aumentado. En ese contexto mencionó antecedentes en sectores como Posorja y la provincia de Los Ríos, donde —según afirmó— se han reportado situaciones similares de ocultamiento de cuerpos, un fenómeno que ahora también se estaría observando en Manabí. (I)