Treinta y un años han pasado de la guerra del Cenepa de 1995 y los excombatientes recuerdan lo ocurrido durante los días del conflicto armado con Perú.

La también llamada gesta del Cenepa se desarrolló desde el 26 de enero hasta el 28 de febrero de 1995, en la frontera entre Ecuador y Perú, y tuvo fin con la paz definitiva firmada por ambos Estados el 26 de octubre de 1998 en Brasilia, Brasil.

En diálogo con EL UNIVERSO, militares en servicio pasivo que estuvieron en primera línea de defensa y las esposas de excombatientes fallecidos durante el conflicto bélico rememoran lo ocurrido en aquel año.

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Ellos participaron en una ceremonia especial realizada este lunes, 26 de enero del 2026, en la Brigada de Selva n.º 21 Cóndor, ubicada en la parroquia Patuca, provincia de Morona Santiago, donde funcionó el centro de operaciones estratégicas y logísticas durante el conflicto de 1995.

Cristóbal Espinosa, coronel de Estado Mayor Conjunto que en 1995, en calidad de teniente, comandó una patrulla de operaciones especiales en el sector Cueva de los Tayos, evoca tres episodios de la guerra que le marcaron para el resto de su vida.

El primero, dice, fue el haber dejado a su esposa en la Brigada de Selva n.º 21 Cóndor de Patuca, siendo un oficial recién casado. El segundo, precisa, fue la captura de los primeros soldados peruanos que atravesaban la jurisdicción ecuatoriana. Y un tercer momento, repasa, fue el impacto de haber perdido a dos de sus hombres desde el primer combate en la selva; junto con el hecho de que un soldado peruano muriera en sus manos, agonizando en el fragor de la batalla.

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“En ese instante, tuve la oportunidad de orar con él por la paz, reconociendo que, aunque en ese momento era el enemigo, prevalecía el cumplimiento de la misión junto con el raciocinio y la humanidad que surgen en medio de la guerra”, comenta.

Para el excombatiente, los 31 años de la gesta del Cenepa representan la transmisión de una herencia, de una generación de victoria que alcanzó la paz con dignidad.

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“Hoy, el sacrificio de los soldados ecuatorianos y peruanos adquiere un nuevo significado: estamos hermanados en la frontera, combatiendo juntos un enemigo invisible que es la delincuencia”, sostiene.

Dehivi Salgado, coronel en servicio pasivo que se desempeñó como subteniente de Infantería durante el conflicto armado, comenta que el momento más crítico que vivió fue cuando, a finales de febrero de 1995, pese a que ya se había firmado la paz en Itamaraty, Brasilia, el Ejército peruano continuó con los ataques a territorio ecuatoriano.

“Ahí es cuando uno comprende que en la guerra “se vale todo”; no respetaron la firma y el contexto cambió completamente (...). Incluso, en 1998 estuvimos cerca de un nuevo enfrentamiento, pero afortunadamente los países garantes intervinieron y se pudo finiquitar la paz definitiva con el Protocolo de Río de Janeiro", relata.

Para el coronel, conmemorar un año más de la gesta es poder revivir los valores, las tradiciones, la historia, y recordar el heroísmo de todos sus compañeros de las Fuerzas Armadas al defender la soberanía territorial.

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El sargento en servicio pasivo Francisco Martínez, quien durante la guerra de Paquisha de 1981 fue soldado y en el conflicto del Cenepa de 1995 era sargento, cuenta que uno de los momentos más álgidos fueron los enfrentamientos directos con los militares peruanos, frente a frente.

Recuerda con mucha claridad el denominado ‘miércoles negro’, cuando el 26 de febrero de ese año, Perú volvió a atacar una base militar ecuatoriana pese a haber llegado a un acuerdo previo de alto el fuego. Ese día, comenta, falleció el suboficial segundo Édison Mendoza.

“La eliminación de contrarios fueron situaciones muy difíciles que lastimaron nuestro espíritu; sin embargo, se han superado. Hoy se vive una paz tranquila con la satisfacción del deber cumplido, habiendo salvado a nuestra patria del desmembramiento y defendiendo la integridad territorial, que ha sido siempre nuestro objetivo principal”, resalta.

De la misma manera, para Paco Moncayo, quien durante el conflicto se desempeñó como comandante del Teatro de Operaciones, quien dirigió en el campo de batalla y en el que fue el encargado de la convocatoria al Grupo de Fuerzas Especiales 26 Cenepa, uno de los momentos más álgidos de la guerra con Perú fue el denominado miércoles negro, un ataque peruano que dejó más de una docena de militares ecuatorianos muertos.

La pérdida de excombatientes, una herida que no sana

Las esposas de soldados ecuatorianos que murieron en combate en la guerra con Perú recuerdan, con tristeza y orgullo, a quienes llaman los ‘héroes de la gesta del alto Cenepa’.

Esperanza Sánchez, esposa de Luis Hernández, quien fue teniente coronel del Ejército, comenta que al inicio del conflicto armado ella no creyó que era un hecho de gravedad, sin embargo, repasa, cuando recibió la noticia del fallecimiento de su esposo fue un golpe muy duro para ella y su familia.

“Es algo muy duro, porque uno se queda al frente de los hijos cumpliendo el papel de padre y madre a la vez. Es una situación sumamente difícil. En ese instante se vive algo indescriptible. Uno puede sentarse a conversarlo ahora, pero con el paso del tiempo, lo que se sintió en ese momento no tiene palabras”, subraya.

Entre lágrimas, Gladis Vergara, esposa de suboficial Édison Mendoza, quien murió en el conflicto de 1995, recuerda que tras el aumento de las tensiones en la frontera, en enero de ese año, su marido salió una mañana de su hogar, se despidió de su familia y nunca más lo volvieron a ver.

“Usted se podrá imaginar lo que significa para una esposa ver salir a su marido una mañana muy temprano, dándonos un beso y un abrazo a mí y a sus dos hijos, para no volver nunca más. Cuando vi las noticias, el impacto fue tal que necesité apoyo profesional; no podía creer que un hombre tan entregado a su trabajo hubiera demostrado ese valor, dejando a un lado su hogar y a los suyos por defender al país″, señala.

El sargento Agustín Anchico murió en combate el 22 de febrero de 1995. Su esposa, María Herrera, afirma que recordar un año más de la guerra del Cenepa es algo glorioso pero a la vez triste.

Repasa que cuando su esposo falleció, sus hijos eran aún pequeños, por lo cual, comenta, fue triste y duro verse con los hijos pequeños sin su esposo.

“Gracias a Dios, él nos dio la fuerza y seguimos adelante”, agrega la viuda del sargento y hace un llamado a seguir recordando a los héroes del Cenepa.

En la ceremonia militar de este lunes participaron autoridades como el ministro de Defensa, Gian Carlo Loffredo; el comandante general del Ejército, John Miño; Henry Delgado, jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas; excombatientes y familiares de militares ‘caídos’ en combate e invitados. (I)