La reunión de alto nivel entre Ecuador y Colombia, prevista para el 25 y 26 de marzo en la sede de la Comunidad Andina (CAN), en Lima, se perfila como un primer paso para destrabar la crisis bilateral, aunque sin garantías de resultados inmediatos, según coinciden los expertos.

El encuentro se da en medio de un escenario marcado por tensiones políticas, medidas arancelarias recíprocas y un reciente impase diplomático por un supuesto bombardeo en la frontera norte, que luego fue descartado por el propio Gobierno colombiano.

En este contexto, la cita en la CAN aparece como un espacio necesario para reencauzar la relación entre Ecuador y Colombia, pero también como un reflejo de las dificultades estructurales que enfrenta el vínculo bilateral.

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Para expertos, si bien existe consenso en la urgencia de reducir tensiones y mitigar los impactos económicos, la expectativa no está puesta en soluciones inmediatas, sino en la posibilidad de abrir un canal de diálogo sostenido que permita, con el tiempo, reconstruir la confianza entre ambos países.

Las delegaciones estarán encabezadas por los viceministros de Relaciones Exteriores de ambos países junto con el secretario de la CAN, Gonzalo Gutiérrez, y buscarán acercar posiciones en temas sensibles como seguridad fronteriza y comercio, dos ejes que han tensionado la relación en las últimas semanas.

En la antesala del encuentro, el Gobierno ecuatoriano ha planteado tres temas que marcarán su agenda: la venta de energía, el refuerzo de la seguridad en la frontera y el traslado de presos extranjeros.

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El presidente Daniel Noboa ha propuesto condiciones de reciprocidad en el suministro eléctrico —con un precio congelado de 1,6 centavos por kilovatio—, así como retomar niveles previos de presencia militar en la frontera, en referencia a esquemas aplicados durante el gobierno de Iván Duque.

Además, ha planteado que Colombia reciba a sus ciudadanos privados de libertad en cárceles ecuatorianas. Según datos oficiales, cerca de 3.000 extranjeros —entre colombianos y venezolanos— estaban detenidos en el país, de los cuales unos 800 ya han sido trasladados.

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Para Cristian Carpio, docente de la Universidad de Las Américas, la reunión debe entenderse como el inicio de un proceso más amplio, antes que como un espacio para alcanzar acuerdos definitivos.

A su criterio, el conflicto actual responde principalmente a un impase político y no exclusivamente comercial, por lo que cualquier avance dependerá de la voluntad de ambos gobiernos.

“El encuentro puede ser un buen inicio, pero no necesariamente permitirá alcanzar resultados concretos en el corto plazo”, sostiene.

Carpio anticipa que Ecuador llegará con una posición clara: exigir mayores acciones de control en la frontera por parte de Colombia como condición para avanzar en la eliminación de las medidas arancelarias.

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“Si no hay acuerdos claros en materia de seguridad, difícilmente se podrá destrabar el tema comercial en el corto plazo”, advierte.

Seguridad y comercio, los ejes de la tensión bilateral

El endurecimiento de las relaciones entre ambos países tiene como telón de fondo la imposición de aranceles del 50 % a ciertos productos, una medida que ha impactado directamente a sectores productivos en ambos lados de la frontera.

A esto se sumó la denuncia del presidente colombiano, Gustavo Petro, sobre un supuesto bombardeo desde territorio ecuatoriano, lo que elevó la tensión diplomática. Sin embargo, el ministro de Defensa colombiano, Pedro Sánchez Suárez, rectificó posteriormente y aclaró que no hubo tal ataque, reconociendo que la operación se desarrolló dentro de territorio ecuatoriano.

Este episodio, aunque parcialmente superado, evidenció las profundas diferencias en la percepción de la seguridad fronteriza entre ambos gobiernos.

Desde Colombia, el analista Jorge Andrés Rico Zapata, investigador y consultor en conflicto armado, coincide en que la reunión debe priorizar los intereses económicos y de seguridad por encima de las diferencias ideológicas entre los gobiernos.

Sostiene que el principal reto será frenar las pérdidas económicas y avanzar hacia una cooperación efectiva en la frontera, especialmente tras la aclaración oficial sobre el incidente militar.

En el ámbito comercial, destaca la necesidad de que la CAN cumpla un rol activo como mediadora y que ambas delegaciones lleguen con propuestas concretas.

“La expectativa es que se presenten hojas de ruta claras, basadas en la responsabilidad con los sectores afectados por la disputa arancelaria”, explica.

Rico advierte que sectores estratégicos en Colombia ya sienten el impacto del conflicto, particularmente el energético, con afectaciones a empresas como Ecopetrol.

Pese a coincidir en la importancia del diálogo, el analista colombiano es más escéptico respecto a la posibilidad de acuerdos en seguridad.

A su juicio, existen diferencias profundas entre la visión de Petro y Daniel Noboa, especialmente en la forma de enfrentar el crimen transnacional en la frontera.

Esta divergencia, señala, podría convertirse en el principal obstáculo para avanzar en acuerdos concretos durante la reunión.

Levantamiento de aranceles es poco probable en corto plazo

En el plano económico, ambos analistas coinciden en que no se puede esperar una eliminación inmediata de las medidas arancelarias.

“Las partes irán soltando la cuerda de a poco”, explica Rico, al considerar que el conflicto responde más a incompatibilidades políticas que a factores estrictamente comerciales.

En la misma línea, Carpio advierte que sin avances en seguridad fronteriza, cualquier intento de destrabar el tema arancelario será limitado.

Más allá de los resultados inmediatos, la reunión en Lima representa un momento clave para la relación bilateral.

Carpio identifica tres elementos centrales en juego: la posibilidad de restablecer plenamente las relaciones diplomáticas, la contención del impacto económico en sectores productivos y el riesgo de una escalada de tensiones políticas.

Además, advierte que el contexto político interno en Colombia podría influir en la postura del Gobierno, con la posibilidad de que se refuercen discursos nacionalistas en medio de escenarios electorales.

Por su parte, Rico considera que, aunque es posible avanzar hacia un restablecimiento progresivo de las relaciones, este sería frágil y condicionado. “Para lograr un entendimiento más firme, alguno de los dos gobiernos tendría que ceder en su enfoque”, afirma. (I)