Ecuador, Costa Rica, Guyana y Honduras formaron parte esta semana de la gira que realiza la enviada especial del Gobierno de Estados Unidos, Kristi Noem, en el marco del denominado Escudo de las Américas, la iniciativa impulsada por el presidente Donald Trump para coordinar acciones regionales frente al crimen organizado, el narcotráfico y la migración irregular y que reúne a una docena de países.

El recorrido de Noem por estos países responde a la fase inicial de implementación de esta alianza hemisférica, que reúne a al menos doce naciones y busca concretar acuerdos en materia de seguridad, cooperación técnica e intercambio de inteligencia.

Ecuador, uno de los ejes de la gira

Dentro de esta agenda regional, Ecuador se posiciona como uno de los puntos centrales. El pasado 25 de marzo, Noem realizó su tercera visita al país en menos de un año, donde se reunió con el presidente Daniel Noboa en el Palacio de Carondelet, en Quito.

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“Estamos agradecidos de tener líderes como el presidente Daniel Noboa. Él es una de las piedras angulares para la seguridad del hemisferio occidental”, afirmó Noem subrayando la relevancia del país en la implementación del Escudo de las Américas y en la articulación de acciones conjuntas frente al crimen organizado y la migración irregular.

Durante su estancia, el mandatario le otorgó la Orden Nacional “Al Mérito” en el grado de Gran Cruz, mediante decreto ejecutivo, en reconocimiento a su trayectoria y a sus esfuerzos para fortalecer la cooperación bilateral entre Ecuador y Estados Unidos.

La visita se desarrolló sin acceso a la prensa y bajo un fuerte dispositivo de seguridad, y hasta el momento no se han detallado oficialmente los temas tratados. Sin embargo, se da en un contexto de fortalecimiento de la relación bilateral en materia de seguridad.

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En los últimos meses, ambos países han incrementado la cooperación con operaciones conjuntas contra el narcotráfico, intercambio de inteligencia y apoyo de agencias estadounidenses a las fuerzas ecuatorianas.

Las visitas previas de Noem al país, cuando aún lideraba el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS), incluyeron recorridos por instalaciones militares en Manta y Salinas.

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Durante la ceremonia de condecoración, Noboa señaló que la cooperación internacional es clave para enfrentar el crimen organizado, mientras que Noem indicó que continuará trabajando para construir un “escudo” regional frente a amenazas como la migración masiva y las organizaciones narcoterroristas.

El presidente ecuatoriano ha insistido en que esta alianza no tiene un carácter ideológico, sino que busca enfrentar problemas como la inseguridad, la minería ilegal, el narcotráfico y la corrupción política, fenómenos que —según ha señalado— están interconectados.

Acuerdos en otros países

Antes de llegar a Ecuador, Noem pasó por los otros tres países. El 22 de marzo, la funcionaria visitó Honduras, donde se reunió con el presidente Nasry Asfura en Tegucigalpa. Durante el encuentro se abordaron temas de seguridad y migración, y el Gobierno hondureño se comprometió a fortalecer el trabajo conjunto con agencias federales de Estados Unidos para combatir el crimen organizado.

El ministro de Seguridad, Gerson Velásquez, señaló que se impulsará una mayor coordinación entre instituciones nacionales y estadounidenses, con énfasis en la lucha contra el narcotráfico. Además, se discutieron temas estratégicos como el fortalecimiento de la ciberseguridad y la asistencia técnica especializada para la Policía y el Ejército.

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El 23 de marzo, Noem se trasladó a Costa Rica, donde se reunió con el presidente Rodrigo Chaves y firmó un acuerdo de cooperación migratoria. El memorando, de carácter no vinculante, permite a Estados Unidos proponer el traslado de personas extranjeras hacia territorio costarricense, donde serán atendidas bajo la legislación local.

El Gobierno costarricense indicó que las personas recibirán una condición legal temporal mientras se define su situación migratoria y que se garantizará el respeto a los derechos humanos. Asimismo, Estados Unidos gestionará el apoyo financiero necesario, mientras que la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) brindará asistencia logística.

El 24 de marzo, la enviada especial visitó Guyana, donde mantuvo reuniones con el presidente Irfaan Ali y otras autoridades políticas y militares. En ese encuentro se trataron temas relacionados con el combate al narcotráfico, el tráfico de armas, la inmigración ilegal y el desmantelamiento de organizaciones criminales transnacionales.

La agenda en Guyana también incluyó encuentros con representantes de empresas energéticas estadounidenses con presencia en proyectos petroleros, en un contexto de fortalecimiento de la cooperación bilateral en materia de seguridad y desarrollo estratégico.

Una alianza en desarrollo

En tanto, el Escudo de las Américas fue presentado en una cumbre realizada en Doral, Miami, donde participaron líderes de doce países de la región.

Según la Casa Blanca, la iniciativa busca coordinar estrategias para enfrentar a las organizaciones criminales, los carteles de droga y la migración irregular en el hemisferio.

El despliegue de Noem en la región formaría parte de la fase inicial de esta estrategia, en la que se busca traducir los acuerdos políticos en acciones concretas de cooperación.

Entre los países que forman parte de esta alianza y que podrían ser incluidos en su agenda en las próximas semanas están El Salvador, Argentina, Panamá, Paraguay, República Dominicana, Bolivia y Trinidad y Tobago, aunque no se han confirmado las visitas.

Análisis: ‘América Latina es priorizada en agenda de seguridad de EE. UU.’

Por Stephanie Macías, analista política y geopolítica y presidenta de Buró Estratégico

La reciente gira de Kristi Noem por Ecuador, Costa Rica, Honduras y Guyana marca el inicio operativo de una estrategia que, aunque aún en construcción, busca redefinir la cooperación en seguridad en el hemisferio bajo el paraguas del Escudo de las Américas.

Un primer punto clave es el rol que Noem está asumiendo dentro de esta nueva arquitectura regional. Si bien no es una figura nueva dentro del entorno político estadounidense, sí lo es en la conducción de este tipo de articulación hemisférica. En ese sentido, su gestión se irá moldeando sobre el terreno, en función de las particularidades de cada país, pero con una expectativa clara: mostrar resultados en el corto plazo y consolidar relaciones que permitan sostener esta estrategia en el tiempo.

Lo relevante y en gran medida irrefutable es que estamos viendo un nivel de priorización de América Latina en la agenda de seguridad de Estados Unidos que no se había observado en décadas, al menos en términos de articulación directa con países de la región sobre temas compartidos. La seguridad, la migración y el crimen organizado transnacional han dejado de ser temas fragmentados para convertirse en una agenda compartida, donde la coordinación es cada vez más necesaria.

Desde esta perspectiva, la gira no responde únicamente a una lógica diplomática, sino a la construcción de una red de cooperación más estructurada. Países como Ecuador y los de Centroamérica se posicionan como socios clave en la gestión de riesgos que impactan tanto a nivel local como regional. La inclusión de Guyana también refleja una visión más amplia, donde la seguridad se conecta con dinámicas energéticas y geopolíticas emergentes.

Ahora bien, la expectativa sobre el Escudo de las Américas debe entenderse con realismo. No es una estrategia de implementación inmediata ni uniforme. Su alcance dependerá de la capacidad institucional de cada país, de los acuerdos específicos que se logren y de la continuidad política que respalde estos esfuerzos. En la práctica, esto implica que los resultados serán progresivos y diferenciados.

El reto principal será mantener una agenda equilibrada, donde la cooperación genere beneficios concretos para los países involucrados, fortaleciendo capacidades locales y mejorando condiciones de seguridad interna.

En síntesis, estas visitas marcan un punto de partida relevante. Más que anuncios puntuales, reflejan un proceso de mayor articulación regional que, de sostenerse, podría redefinir la forma en que se abordan los desafíos de seguridad en América Latina.

(I)