Pedro Castillo, un docente del área rural, religioso y conservador, era hasta hace poco casi desconocido en Perú y en cuestión de semanas dejó de tener unos 3.000 seguidores en Twitter para superar los 200.000 tras su sorpresivo paso a la segunda vuelta presidencial en la que resultó vencedor.

El líder sindicalista, que tendrá apenas ocho días para la transición de gobierno, fue proclamado este lunes presidente electo, tras seis semanas en vilo luego del reñido balotaje del 6 de junio en el que enfrentó a la candidata derechista, Keiko Fujimori.

Castillo, nacido en la provincia Chota, ubicada al norte del país, es ajeno a la política tradicional peruana que pugna por la Presidencia de Perú con propuestas radicales -en ocasiones peligrosas o inaplicables- que evidencian las contradicciones de un país quebrado y dividido entre quienes tienen recursos y los que no.

Nadie esperaba que este hombre de 51 años de ascendencia humilde y campesina, al igual que su esposa, la también docente Lilia Paredes con quien tiene tres hijos, ganara la Presidencia del país ataviado con su peculiar sombrero “chotano”, un lápiz y un discurso que choca frontalmente con el statu quo político y los dogmas del libre mercado que han gobernado Perú con firmeza durante los últimos 30 años.

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Según los medios y analistas peruanos, el maestro, que se ha ganado el apelativo del ‘Evo Morales peruano’, salió “de la nada” en la primera vuelta para pelear la Presidencia, pero otros dicen que sería más correcto decir que Castillo surgió de un lugar donde nadie estaba mirando: los millones de pobladores rurales, aislados de los centros de poder tradicionales y alejados de Lima, la gran urbe que muchos asumen erróneamente como ejemplo de la realidad del Perú, recoge EFE.

Castillo es líder del sindicato de maestros y su primer gran contacto con la política peruana fue como gestor de una huelga general del sector que en 2017 puso en jaque al gobierno del entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski.

Han sido las redes de maestros y profesores rurales, un colectivo humilde que ejerce gran influencia en las comunidades a las que sirve, las que promovieron de boca a boca su candidatura

Las rondas campesinas, la milicia rural que vigila allí donde el Estado no llega y de las que formó parte en su juventud, han sido otro de sus apoyos. Castillo se ganó su pase al balotaje jugando fuera de los esquemas de la política de masas peruana.

En la campaña para la segunda vuelta, donde se ha visto forzado a exponerse ante medios críticos, analistas y ciudadanos exigentes, Castillo ha evidenciado su hostilidad hacia algunos fundamentos de las democracias liberales.

Pese a prometer por escrito que no vulnerará ningún precepto constitucional, para muchos peruanos persisten las dudas sobre las críticas que ha hecho a instituciones como el Tribunal Constitucional, la Defensoría del Pueblo o la misma separación de poderes.

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Castillo lleva como bandera el lema “No más pobres en un país rico”, y ha prometido la derogación de la Constitución vigente desde 1993, creada por Alberto Fujimori (1990-2000) y abiertamente neoliberal, y la creación de otra donde el Estado tenga mayor cabida como proveedor de servicios e impulsor de la economía.

El cambio constitucional sería legalmente posible, pero extraordinariamente complicado de conseguir, y Castillo no ha aclarado aún cómo planea lograrlo salvo indicando que será “el pueblo” el que lo haga.

Castillo también ha planteado aumentar el presupuesto para la agricultura y la educación y ha criticado el actual sistema de Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), proponiendo el fortalecimiento del Sistema Nacional de Pensiones. Además ha propuesto “desactivar” el Tribunal Constitucional y dotarlo de nuevos representantes elegidos por la ciudadanía, registró BBC.

Parte del discurso radical del maestro, como la “nacionalización” del sector minero y energético, o la “limitación de importaciones”, proviene del ideario del partido Perú Libre por el que postula a la Presidencia.

Este partido es dirigido por el médico “marxista leninista” Vladimir Cerrón, exgobernador de la región de Junín y condenado por un delito de corrupción que le impidió postularse a la Presidencia.

Casi toda la campaña de Castillo se ha centrado en despegarse de esta figura e intentar aproximarse al centro con propuestas mucho más mesuradas y un equipo técnico ajeno a Perú Libre, pero en ese proceso ha cometido varias contradicciones.

Su postura social es contraria a la educación con enfoque de género, al aborto y a la expansión de los derechos de la comunidad LGTBI y durante todo el proceso electoral se ha mostrado hermético ante la prensa y cuando no, ha sido abiertamente hostil.

“Quiero saludar a las autoridades electorales... saludar también a los partidos políticos que hemos participado en esta fiesta democrática”, dijo tras ser proclamado, ante cientos de partidarios congregados en la sede de su partido Perú Libre en Lima.

Castillo debe tomar en ochos días las riendas del país, aunque, con su partido como primera minoría en un Congreso fraccionado, deberá buscar acuerdos para acabar con la inestabilidad de los últimos cinco años, registra AFP.

“Traigo el corazón abierto para cada uno de ustedes, acá en este pecho no hay rencor”, dijo desde el balcón de la sede de su partido, portando su tradicional sombrero blanco e invocó a Keiko Fujimori “para sacar adelante el país”. (I)