Antes de que Tomi naciera ya los médicos y su madre sabían que venía con insuficiencia renal crónica. Cuando nació lo operaron y al cumplir un mes de nacido tuvo que entrar a diálisis peritoneal. Su madre lleva un año esperando un trasplante para su nené, que no llega, y que la lleva a decir esta frase: “Los órganos no van al cielo”.

Cuando el nené crecía en el vientre de su mamá, un riñón se volvió poliquístico; el otro se dilataba. Tras el nacimiento, “los exámenes arrojaron que un riñón no funcionaba y el otro, funcionaba muy poquito”, describió Soledad Moyano Henderson, su madre.

Tomi hoy tiene dos años y espera un trasplante de riñón desde abril de 2023.

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La mujer señala que en Argentina hay actualmente 200 menores en una lista de espera de órganos, desde hace más de un año.

“Un donante puede salvar hasta 7 vidas”, comenta Soledad que, por estos días, ha explicado en diversos medios la situación de salud de su hijo y la de otros menores.

En una entrevista con Ronnie Arias, este hombre, conmovido, recordó que él perdió a una hermana que era donante y sostuvo: “Nada me llena más de orgullo saber que hay una persona mirando hoy el mundo a través de los ojos de mi hermana”.

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Larga espera por un riñón

Soledad Moyano contó que su hijo tras una cirugía presentó una complicación. Tomi tuvo shock séptico y daban 2% de probabilidad de vida. Estuvo 20 días en coma. Al superar ese cuadro tan grave, comenzó en hemodiálisis, “que es muy invasiva, sobre todo para bebés”, lamentó en diálogo con Capital 885, una emisora de radio.

“Mi hijo está en lista de espera hace un año, casi, y pensábamos que el riñón iba a llegar rápido”, dijo.

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La campaña “Los órganos no van al cielo”

Soledad Moyano está promoviendo, junto a otras madres que atraviesan una situación similar, una campaña de concienciación sobre la donación de órganos.

Suena dura la frase. “Los órganos no van al cielo”. El deseo de estas mujeres es que cada vez haya menos chicos en listas de espera.

Para Soledad, la falta de donantes es más un tema de desinformación. Recordó que una ley plantea que todos los adultos son donantes, salvo que la persona exprese que no desea serlo.

Sobre los donantes pediátricos trabajan para que sea una decisión menos dolorosa para los progenitores que acaban de perder a un hijo.

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Citada en Infobae dijo: “Hay que crear conciencia porque a veces los médicos tampoco hablan mucho del tema o capaz cuando fallece una persona, no le preguntan a los familiares si quieren donar, creo que se trata de naturalizar un poco más el tema y hacer un poquito más de conciencia (...) se pueden salvar hasta siete vidas”.

“Tomi vino a este mundo a enseñarnos muchas cosas”, dijo esta madre, que, como todas, desea ver crecer a su niño.

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Soledad cree que “donar es el acto de amor más grande que puede llegar a hacerse si tu hijo o una persona fallece y saber que su corazón puede latir en otra persona o que gracias a su riñón otro niño estará viviendo en un montón de cosas”. (I)

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