A unos 700 kilómetros de la estación científica más cercana, en Crary Ice Rise, un domo de hielo en el margen interno de la plataforma de Ross, un grupo de científicos, perforadores e ingenieros trabajaron durante dos meses para alcanzar un objetivo: perforar más de medio kilómetro de hielo en la Antártida occidental y recuperar los sedimentos ocultos bajo la capa helada.

La misión forma parte del proyecto internacional SWAIS2C, siglas de Sensitivity of the West Antarctic Ice Sheet to 2°C. La iniciativa busca entender cómo ha respondido históricamente la capa de hielo ante periodos de calentamiento global comparables al umbral de 2 °C que intenta limitar el Acuerdo de París.

El equipo logró atravesar 523 metros de hielo mediante un sistema de perforación con agua caliente. Después descendieron más de 1.300 metros de tuberías hasta alcanzar el lecho sedimentario. Allí comenzó la parte clave del trabajo.

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Durante semanas extrajeron un núcleo de sedimentos de 228 metros de longitud, compuesto por capas alternas de lodos, arenas, gravas y fragmentos rocosos. Según los responsables del proyecto, se trata del núcleo más largo jamás perforado bajo una capa de hielo. Cada sección, de hasta tres metros, fue descrita, fotografiada y analizada en el campamento antes de enviarse a laboratorios internacionales para estudios más precisos.

Las primeras estimaciones indican que el registro podría abarcar hasta 23 millones de años.

La datación preliminar se basó en la identificación de microfósiles marinos presentes en algunas capas. Para Huw Horgan, codirector científico del proyecto, este archivo geológico ofrecerá información crítica sobre cómo podrían responder la capa de hielo de la Antártida occidental y la plataforma de Ross ante temperaturas superiores a 2 °C.

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El núcleo revela que gunas capas muestran depósitos típicos formados bajo una masa de hielo asentada sobre tierra firme, similares a las condiciones actuales. Otras, en cambio, contienen fragmentos de conchas y restos de organismos marinos que necesitan luz para sobrevivir.

Eso sugiere que en determinados momentos esa región estuvo cubierta por océano abierto o por una plataforma flotante, no por cientos de metros de hielo.

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Aunque ya se sospechaba que la región experimentó retrocesos importantes en el pasado, la mayoría de los datos provenían de sedimentos marinos cercanos o registros del mar de Ross y del océano Austral. Este nuevo núcleo ofrece por primera vez un registro directo desde el margen interno de la propia capa de hielo.

La región es especialmente vulnerable porque gran parte de su base se encuentra por debajo del nivel del mar, lo que facilita la intrusión de aguas oceánicas más cálidas. Si toda la capa de hielo de la Antártida occidental se derritiera, el nivel medio global del mar podría aumentar entre cuatro y cinco metros.

El próximo paso ahora es determinar cuándo ocurrieron los retrocesos del hielo y bajo qué condiciones. Si el análisis confirma que durante periodos con temperaturas similares a las proyectadas para este siglo la capa de hielo sufrió colapsos parciales o sustanciales, significaría que el sistema ya ha demostrado su vulnerabilidad bajo niveles de calentamiento comparables a los actuales. (I)