Más de un millar de hogares siguen sin calefacción en la ciudad de Kiev a consecuencia del ataque masivo ruso al sistema energético ucraniano del pasado viernes, que dejó sin suministro a buena parte de la ciudad durante 72 horas en las que las temperaturas llegaron a alcanzar los 15 grados bajo cero.

“No tuvimos calefacción durante tres días e hizo muchísimo frío en casa”, dice a EFE Natalia Parshutova, una psicóloga de Kiev que vive con su familia en el barrio de Darnitsia de la parte oriental de la capital ucraniana.

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Como muchos otros residentes en la ciudad, Partushova teme que los rusos vuelvan a atacar infraestructura ucraniana eléctrica, gasística y de distribución de agua en los próximos diez días, cuando las temperaturas se espera que se acerquen a los 20 grados negativos.

“Creo que lo harán. El mal tiempo hace más probables esos ataques. Hace mucho frío ahora en Ucrania y pienso que lanzarán más ataques para que estemos sin calefacción, sin luz y sin agua”, añade Parshutova en una calle cercana a su domicilio en medio del rumor de los generadores que permiten a los negocios seguir funcionando durante los apagones.

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Según muchos analistas, Rusia busca con estos ataques que afectan directamente a la población civil desmoralizar a la población ucraniana y provocar una nueva oleada de refugiados hacia los países de la Unión Europea (UE).

Preguntada sobre sus planes, Partushova descarta emigrar. “Tengo a mi marido, mi hijo va a la escuela. Además, tenemos animales en casa”, afirma.

Además de una incomodidad, estar expuesto prolongadamente a temperaturas muy bajas puede tener también consecuencias para la salud.

“Algunos de mis compañeros dicen que están a siete u ocho grados bajo cero en sus casas. Esto puede poner en peligro incluso la vida de una persona”, dice a EFE una doctora recién licenciada que ha empezado a trabajar en una clínica privada de Kiev y prefiere no dar su nombre.

Tres horas de electricidad al día

Los calefactores eléctricos no son una alternativa a la ausencia de calefacción.

Además de interrumpir durante los días de más frío del año el funcionamiento de la calefacción centralizada que calienta a la mayoría de hogares ucranianos, el ataque ruso del viernes pasado ha agravado el déficit de generación de electricidad que ya sufría Ucrania por la ola de bombardeos rusos contra el sistema energético que comenzó en otoño.

“¿Desde el viernes? De media no más de tres horas y pico”, dice a EFE al ser preguntado por las horas de luz que ha tenido en los últimos tres días Danilo Bushlia, que trabaja en una farmacia situada en un centro comercial.

Mientras que Parthushova, la psicóloga, ha suspendido las sesiones por internet que tenía programadas, Bushlia sigue trabajando sin problemas al contar con un generador que funciona sin interrupción en el centro comercial en el que está su farmacia.

Para cargar el teléfono móvil y otros dispositivos, los ucranianos aprovechan los intervalos en que tienen suministro o acuden a cafeterías que utilizan generadores para seguir sirviendo al público también durante los apagones.

“Aún estoy sin luz. Llevo ya 25 horas sin luz. Desde el pasado jueves he tenido electricidad sólo durante 12 horas”, dice a EFE otra vecina del distrito de Darnitsia que pide el anonimato.