El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a colocar a Groenlandia en el centro del debate geopolítico internacional al insistir en que Washington necesita controlar la isla por razones de seguridad nacional.
“Necesitamos Groenlandia por seguridad nacional; Dinamarca no está en condiciones de garantizarlo”, afirmó el mandatario.
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Sin embargo, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, reiteró que Groenlandia “no quiere formar parte de Estados Unidos” y advirtió que las declaraciones de Trump deben tomarse en serio.
Otros líderes europeos expresaron su respaldo a Dinamarca y alertaron sobre el impacto que una escalada podría tener en la OTAN.
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La isla más grande del mundo
Groenlandia es la isla más grande del mundo, con una superficie de más de dos millones de kilómetros cuadrados. Sin embargo, es también uno de los territorios menos poblados del planeta: la habitan cerca de 56.000 personas, en su mayoría inuit, concentradas principalmente en asentamientos costeros. La capital, Nuuk, alberga a alrededor de un tercio de la población.
Aunque forma parte del Reino de Dinamarca, Groenlandia goza de un amplio autogobierno desde 2009. Maneja sus asuntos internos, pero la política exterior, la defensa y la seguridad siguen bajo control de Copenhague. Su soberanía está reconocida internacionalmente, incluso por un fallo del Tribunal Permanente de Justicia Internacional de 1933.
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Cuál es el interés de Estados Unidos en Groenlandia
Desde el punto de vista geográfico, Groenlandia ocupa una posición clave entre América del Norte y Europa, sobre la llamada brecha GIUK, un corredor marítimo estratégico entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido.
Además, el Ártico está mucho más cerca de Rusia y China que el territorio continental estadounidense.
Estados Unidos mantiene presencia militar en Groenlandia desde la Guerra Fría. En 1951, Washington y Copenhague firmaron un acuerdo que permitió la instalación de la base aérea de Thule, hoy conocida como Pituffik Space Base, que funciona como un sistema de alerta temprana de misiles estadounidense y de vigilancia espacial.
Por otro lado, bajo el hielo de Groenlandia se encuentran importantes reservas de petróleo, gas, uranio y algunos de los mayores yacimientos conocidos de tierras raras del mundo, minerales esenciales para tecnologías clave como autos eléctricos, energías renovables y equipamiento militar.
Aunque el gobierno groenlandés ha frenado la explotación de estos recursos por motivos ambientales, muchos analistas consideran que su potencial económico es uno de los motores del interés estadounidense.
Trump negó que esta sea la razón detrás de su postura: “Necesitamos Groenlandia por seguridad nacional, no por los minerales”. Pero su exasesor de seguridad nacional, Mike Waltz, afirmó en 2024 que el interés de la administración estaba directamente vinculado a los minerales críticos y recursos naturales de la isla.
El interés de Estados Unidos por Groenlandia no es nuevo. En el siglo XIX, tras la compra de Alaska a Rusia, Washington consideró la anexión de Groenlandia e Islandia. Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos asumió el control de la isla cuando Dinamarca fue ocupada por la Alemania nazi, aunque la devolvió al finalizar el conflicto.
Trump sacó nuevamente el tema a la luz pública en 2019, cuando sugirió comprar Groenlandia, lo que llevó a la cancelación de una visita de Estado tras el rechazo danés. Desde que comenzó su segundo mandato en 2025 no ha descartado presiones económicas ni, incluso, una anexión por la fuerza.
Por ahora, las encuestas muestran un rechazo mayoritario en Groenlandia a formar parte de Estados Unidos. Según Reuters, el 85 % de los groenlandeses se opone a esa posibilidad.
El primer ministro del territorio, Jens-Frederik Nielsen, calificó las declaraciones de Trump como “irrespetuosas” y rechazó las intenciones estadounidenses, aunque dejó abierta la puerta al diálogo dentro del marco del derecho internacional. (I)