EE.UU. ha dado la vuelta, literalmente, a su pirámide alimenticia. Las nuevas guías dietéticas publicadas esta semana por los Departamentos de Salud y Agricultura recomiendan menos azúcares, un mayor consumo de proteína animal, como -para sorpresa de muchos- carne roja, o la sugerencia de “no beber alcohol en el desayuno”.
El secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., aseguró que el objetivo es “poner la comida real en el centro de la dieta”, respaldados por lo que llaman “ciencia de máxima calidad” y “sentido común”. Pero ese sentido común ha sorprendido a buena parte de la comunidad científica, que ve con escepticismo el regreso de alimentos que durante años fueron relegados a la categoría de ocasionales.
Las guías, actualizadas cada cinco años, influyen directamente en programas federales de alimentación escolar y subsidios nutricionales, como la comida que se sirve en colegios, hospitales y prisiones, por lo que su impacto va mucho más allá de la mesa familiar.
Publicidad
La nueva pirámide invertida
La nueva pirámide propuesta por la Administración cambia la tradicional composición visual de la dieta estadounidense. En la parte más ancha, ahora arriba, aparecen carnes, lácteos y grasas “saludables”, junto con frutas y verduras. Abajo, los cereales integrales.
Lo primero que llama la atención en la esquina superior izquierda es un filete, un cartón de leche entera y una barra de mantequilla.
Publicidad
Aunque la carne roja puede formar parte de una dieta saludable, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, junto a la Organización Mundial de la Salud, de la que EE.UU. se ha retirado, han clasificado su consumo como “posiblemente cancerígeno”.
También destaca la lista de “grasas saludables” que aparece en el documento -de tan solo 10 páginas- donde mencionan como alternativas “sanas” el uso de mantequilla y el sebo de res para cocinar alimentos, productos muy populares entre los defensores de las políticas de Kennedy.
Publicidad
La prestigiosa revista JAMA publicó un estudio en 2025 que asocia un mayor consumo de mantequilla a un aumento de la mortalidad total.
El secretario de Salud ha enmarcado estas recomendaciones en el movimiento ‘Make America Healthy Again’ (Hacer que Estados Unidos vuelva a estar sano).
Un empujón al campo y a las proteínas
“Estamos reestructurando nuestro sistema alimentario para apoyar a los agricultores, ganaderos y empresas estadounidenses que cultivan y producen alimentos de verdad”, detallan las nuevas recomendaciones, lo que supone un empujón a las proteínas de origen animal y a su comercialización.
Publicidad
Según las cifras, las pautas priorizan el consumo de proteína en cada comida, entre 1,2 y 1,6 gramos por kilo de peso corporal, lo que supone un aumento de entre un 50 % y un 100 % con respecto a lo recomendado en directrices anteriores.
El consumo de alcohol
Las guías también se refieren al consumo de alcohol pero no establecen límites específicos para estas bebidas: “El alcohol es un lubricante social que une a las personas”, declaró el famoso médico televisivo Mehmet Oz, director del programa sanitario Medicare, tras lo que añadió que la implicación de las nuevas directrices con respecto al alcohol es “no consumirlo en el desayuno”.
En el documento, las directrices son un tanto vagas y tan solo mencionan que consumir menos alcohol es mejor para la salud. ¿Pero mejor con respecto a qué? Lo único que subrayan es que las embarazadas y personas en tratamiento por alcoholismo eviten por completo su consumo.
Un sondeo nacional de la encuestadora Gallup en 2025 reportó que el porcentaje de adultos que dicen beber alcohol en EE.UU. cayó al 54 %, el nivel más bajo en varias décadas, y resalta que “los más jóvenes beben menos”.
Limitar los ultraprocesados y el azúcar
Uno de los objetivos primordiales de las recomendaciones abanderadas por Kennedy Jr. es la de reducir el consumo de ultraprocesados y de azúcares en EE.UU.
De media, los estadounidenses obtienen algo más de la mitad de las calorías que consumen a diario de alimentos ultraprocesados, muy por encima de las medias que se estiman en Latinoamérica (en torno al 20 %) o Europa (alrededor del 30 %).
A su vez, el 13 % de su ingesta calórica procede de azúcares añadidos, similar a las medias de Latinoamérica y unos cuatro puntos porcentuales por encima de los niveles que se calculan en los países europeos.
“Nuestro Gobierno declara la guerra al azúcar añadido. Los alimentos altamente procesados, cargados de aditivos, azúcar y exceso de sal, dañan la salud y deben evitarse. Nuestro mensaje es claro: comed alimentos de verdad”, declaró Robert F. Kennedy en una rueda de prensa en la Casa Blanca.





















