La muerte de un veterano de la Fuerza Aérea en el Metro de Nueva York ha desatado una nueva controversia sobre fallas en el sistema migratorio de Estados Unidos. El principal sospechoso, un ciudadano hondureño, había sido deportado en cuatro ocasiones antes del ataque.

La víctima, Richard Williams, de 83 años, falleció días después de ser empujado a las vías en una estación de Manhattan. El hecho ocurrió el 8 de marzo, cuando esperaba el tren junto a otro pasajero que sobrevivió tras intentar ayudarlo.

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Williams fue trasladado en estado crítico a un hospital, pero murió el 17 de marzo debido a múltiples lesiones. Su familia señaló que, pese a su edad y a haber superado un cáncer, mantenía una vida activa y utilizaba el transporte público con frecuencia.

Dos días después del ataque, la policía arrestó a Bairon Hernández, de 34 años, quien ahora enfrenta cargos que incluyen homicidio tras la muerte del veterano. El acusado se declaró no culpable en su primera comparecencia judicial.

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El caso tomó relevancia nacional cuando se conoció que Hernández había sido deportado en cuatro ocasiones previas. Esta información fue confirmada por el Departamento de Seguridad Nacional, que también indicó que existía una solicitud para mantenerlo detenido.

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas había pedido a autoridades locales que no liberaran al sospechoso tras un arresto previo, lo que reavivó críticas contra las llamadas “ciudades santuario”, que limitan la cooperación con agencias federales de inmigración.

Desde el Gobierno federal se calificó al detenido como un “delincuente reincidente” que no debía haber permanecido en el país. En respuesta, autoridades del estado defendieron su postura, aunque coincidieron en que el sospechoso debe enfrentar todo el peso de la ley.

El caso también expone un problema estructural: la desconexión entre agencias locales y federales que, en este caso, permitió que una persona con antecedentes migratorios regresara al país y permaneciera en libertad. (I)