Durante poco más de una hora en un gélido día de invierno el 25 de enero de 1995, el mundo tuvo un escalofriante roce con la peor de las pesadillas de la Guerra Fría.
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Un cohete meteorológico desató una serie de eventos que no derivaron en una guerra nuclear por muy poco.


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Durante poco más de una hora en un gélido día de invierno el 25 de enero de 1995, el mundo tuvo un escalofriante roce con la peor de las pesadillas de la Guerra Fría.