El experimento se realiza cada 20 años y comenzó en 1879, el estudio fue reactivado recientemente en la ciudad estadounidense de East Lansing tras un retraso debido a la pandemia del covid-19.

Se trata de uno de los experimentos científicos más antiguos del mundo. En 1879 el botánico William James Beal llenó 20 botellas con una mezcla de arena y semillas de cierto tipo de plantas y las enterró boca abajo en un lugar secreto dentro de lo que hoy es la Universidad Estatal de Michigan.

Con esto se pretende analizar si con la falta de agua, las plantas pueden germinar después de permanecer en ese estado por largos periodos de tiempos. Inicialmente, las revisiones se realizaban cada cinco años. Actualmente ese procedimiento se hace cada 20 años.

Beal buscaba comprender mejor cuánto tiempo podía durar una planta en el suelo y cuáles son los factores que desencadenan su crecimiento. Con el fin de ayudar a los agricultores locales a combatir el deshierbe constante de sus plantaciones.

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En 1910, el botánico le encomendó su experimento a un colega, desde ese entonces se ha vuelto una tradición que se deriva a otros botánicos más jóvenes. Ellos serán quienes mantendrán la tradición y monitorearán el banco de semillas en intervalos de tiempos cada vez mayores. Inicialmente fueron cada 5 años, después cada 10 y por último cada 20.

La ubicación de las plantas es un secreto muy bien resguardado. Cuando se realiza el chequeo, se hace de noche, con palas y antorchas, se destaca en el apartado de graduados de la Universidad de Michigan.

De las botellas originales enterradas por Beal quedan solo 5 y una de ellas tenía que ser recuperada del suelo en el 2020, pero debido a los cierres del campus durante los meses más duros de la pandemia en Estados Unidos, el experimento tuvo que ser pospuesto.

El pasado 15 de abril en la madrugada el equipo de cuidadores de semillas, dirigido por el profesor Frank Telewski, pudo por fin rescatar el envase de su lugar secreto.

Una de las botellas enterradas.

El profesor Telewski tiene 60 años y lleva décadas como custodio del proyecto; ahora ha seleccionado a tres miembros de la facultad más jóvenes para que lo ayuden con las labores y continúen el legado.

Sin embargo, la preservación y protección del estudio es complicada ya que involucra que ninguna construcción o adecuación del campus dañe el lugar donde están enterradas las semillas, sin revelar el sitio secreto.

Las botellas que enterró Beal finalmente se acabarán en 2100, logrando un longevidad de 221 años, el experimento más largo conocido jamás. (I)