Un análisis sin precedentes de seis años de observaciones astronómicas ha ofrecido la imagen más clara hasta ahora de cómo se expande el universo y del papel que juega la energía oscura, la misteriosa fuerza responsable de acelerar esa expansión.
El estudio se basa en datos recopilados por la Dark Energy Camera (DECam), instalada en el telescopio Víctor M. Blanco de 4 metros, en Chile, y forma parte del Dark Energy Survey (DES).
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Entre 2013 y 2019, la colaboración científica observó cerca de una octava parte del cielo durante 758 noches, registrando información de 669 millones de galaxias situadas a miles de millones de años luz de la Tierra. La investigación fue enviada a la revista Physical Review D.
Por primera vez, los científicos lograron combinar en un solo análisis cuatro métodos independientes para estudiar la energía oscura: supernovas de tipo Ia, lentes gravitacionales débiles, la distribución de galaxias y las llamadas oscilaciones acústicas de bariones, vestigios de ondas de presión del universo primitivo.
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Esta integración permitió duplicar la precisión con la que se mide el efecto de la energía oscura.
“Estos resultados arrojan nueva luz sobre nuestra comprensión del universo y su expansión”, señaló Regina Rameika, directora asociada de la Oficina de Física de Altas Energías del Departamento de Energía de Estados Unidos.
“Demuestran cómo la inversión sostenida en investigación y la combinación de múltiples análisis permiten avanzar en algunos de los mayores misterios del cosmos”.
Con los datos de DECam, el equipo del DES reconstruyó la distribución de la materia en los últimos 6.000 millones de años y la comparó con los principales modelos cosmológicos actuales.
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Los resultados coinciden en general con el modelo estándar, conocido como Lambda Cold Dark Matter (LCDM), aunque también son compatibles con modelos en los que la energía oscura podría variar con el tiempo.
Sin embargo, el análisis reveló una discrepancia persistente: las galaxias actuales no se agrupan exactamente como predicen los modelos teóricos, una diferencia que se vuelve más evidente con estos nuevos datos y que podría apuntar a una física aún desconocida.
El siguiente paso será combinar la información del DES con los datos del Observatorio Vera C. Rubin, que iniciará un estudio de diez años del cielo austral y observará cerca de 20.000 millones de galaxias. Los científicos esperan que esta nueva etapa permita comprender mejor la historia del universo y la verdadera naturaleza de la energía oscura. (I)