Los planetas errantes, mundos que vagan por el espacio sin estar ligados a una estrella, siguen siendo uno de los mayores enigmas de la astronomía. Ahora, un equipo internacional de científicos logró confirmar por primera vez la existencia de uno de estos cuerpos al determinar con precisión su distancia y su masa: se trata de un planeta solitario, de tamaño similar a Saturno, ubicado a casi 10.000 años luz de la Tierra.
La mayoría de los planetas conocidos orbitan una o más estrellas. Sin embargo, desde el año 2000 los astrónomos sospechan de la existencia de planetas que fueron expulsados de sus sistemas o que se formaron de manera aislada.
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En 2024, los investigadores detectaron un objeto que deformaba la luz de una estrella distante, un fenómeno observado de forma simultánea desde la Tierra y desde el espacio, gracias a varios observatorios terrestres y al ya retirado telescopio espacial Gaia, de la Agencia Espacial Europea.
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El análisis de estos datos permitió estimar que el objeto se encuentra a unos 9.950 años luz, en dirección al centro de la Vía Láctea, y que posee una masa aproximada de 70 veces la de la Tierra, lo que lo sitúa apenas por debajo de Saturno, que tiene 95 masas terrestres. Los resultados del estudio fueron publicados en la revista científica Science.
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El evento fue registrado con los nombres KMT-2024-BLG-0792 y OGLE-2024-BLG-0516.
Según los científicos, este hallazgo refuerza la idea de que los planetas errantes podrían ser mucho más comunes de lo que se pensaba.
“Los estudios teóricos sugieren que deberían ser muy numerosos en la Vía Láctea, incluso más que las estrellas”, explicó Andrzej Udalski, astrofísico de la Universidad de Varsovia y coautor del estudio. Comprender cuántos existen y cómo se forman ayudaría a reconstruir la historia de los sistemas planetarios.
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Las investigaciones previas indican que estos mundos pueden ser expulsados por interacciones caóticas durante las primeras etapas de formación de un sistema planetario, o por el paso cercano de otras estrellas.
Otra posibilidad es que algunos se formen directamente a partir de nubes de gas y polvo, sin llegar a encender una estrella.
Detectarlos es extremadamente difícil, ya que no emiten suficiente luz propia. Por ahora, la principal herramienta para encontrarlos es el microlente gravitacional, un efecto en el que la gravedad del planeta actúa como una lupa que amplifica brevemente la luz de una estrella de fondo.
Hasta ahora, este método había permitido identificar apenas una docena de candidatos, pero sin confirmar con certeza si eran planetas o cuerpos más masivos, como enanas marrones.
En este caso, la observación desde dos puntos distintos permitió triangular la distancia del objeto y, a partir de la duración del efecto gravitacional, estimar su masa.
“Nuestro descubrimiento ofrece más evidencia de que la galaxia podría estar repleta de planetas errantes”, señaló Subo Dong, profesor de Astronomía en la Universidad de Pekín.
El futuro de este campo podría ser aún más prometedor. El telescopio espacial Nancy Grace Roman, de la NASA, previsto para lanzarse este año, y el satélite chino Earth 2.0, programado para 2028, buscarán activamente planetas libres en amplias regiones del cielo.
“El futuro de la ciencia de los planetas errantes es muy brillante”, afirmó Udalski.