Tres de cada mil nacimientos en los hospitales Verdi Cevallos de Portoviejo y Rodríguez Zambrano de Manta corresponden a bebés que no se les puede asignar un sexo específico de la dualidad tradicional masculino o femenino, ya que tienen variaciones fisiológicas que no se ajustan a lo uno ni a lo otro.

Es lo que se conoce como intersexualidad referida en la sigla LGBTIQ+ con la letra I. El término se refiere a los que nacen con órganos reproductivos que no se ajustan a lo que tradicionalmente se considera como masculino o femenino.

En el hospital pediátrico Baca Ortiz de Quito, dos de cada mil nacidos vivos tienen esta condición, afirma Cristian Robalino, autor del libro titulado ¿Es niño? ¿Es niña? ¿Ninguno de los dos? ¿Quién decide? El ejercicio médico jurídico en torno a la intersexualidad en Ecuador, presentado la tarde del 26 de mayo en el hotel Oro Verde en Quito.

El fin es develar las prácticas médicas y las subjetividades de las personas intersexuales que han sido sujetas a este tipo de intervenciones, manifiesta su autor, sin el consentimiento de ellas mismas siendo recién nacidas y en algunos casos ni de sus propios progenitores.

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“Trato de impulsar la voz de las personas intersexuales para que sean ellas, elles, quienes digan cuál va a ser el tratamiento que quieren y que la medicina no imponga este saber”, asegura Robalino.

¿Qué significado tiene cada una de las letras de las siglas LGBTI a las que algunos añaden Q y +?

Las personas intersexuales, agrega, muestran una serie de combinaciones y variaciones que ponen en cuestionamiento la noción de un sexo ordenado y binario. “Estas combinaciones y variaciones no se dan solamente a nivel de los genitales externos (donde son más visibles), sino también en cromosomas y gónadas (testículos y ovarios). De hecho, la intersexualidad adopta muchas formas de tener un sexo, y esto no permite encasillar a estas personas en la forma que comúnmente entendemos como masculina o femenina”, añade.

Las personas intersexuales son quizás las menos conocidas de las siglas mencionadas. Su situación es compleja, por lo que la publicación aborda el tema desde distintas perspectivas como la medicina, el derecho, la antropología, la sociología y los derechos humanos.

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Robalino afirma que las consecuencias de estas operaciones quirúrgicas para ajustar el sexo según la normativa heterosexual se evidencian en la niñez, adolescencia y adultez de estas personas con impactos psicológicos y físicos.

En Malta están prohibidas estas operaciones, las que solo se permiten cuando la vida del bebé corre peligro al no poder realizar sus necesidades fisiológicas. En este país europeo incluso se creó una tercera categorización para identificar a estas personas: elles (hombre o mujer intersex).

El prólogo es de Diana Macías, doctora en Filosofía y socióloga de la Universidad de Argentina, un referente en el tema. El libro tiene cinco capítulos contenidos en 190 hojas y fue financiado por la Unión Europea (UE) como parte del proyecto “Adelante con la Diversidad - Región Andina”, bajo la responsabilidad exclusiva de la Fundación Sendas de Cuenca.

“Hay madres que se están rehusando a que sus hijos sean operados”, pero aún son la excepción, indica el autor del libro. Otras, en cambio, se empiezan a cuestionar en el tiempo de haberlas permitido cuando se dan cuenta de las consecuencias en el desarrollo de los caracteres sexuales de sus hijos, los que se dan de forma diferente.

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También las mismas personas afectadas se dan cuenta en el tiempo al verse las cicatrices.

“Los organismos internacionales de derechos humanos indican que debería respetarse la decisión de las personas que serán intervenidas, en estos casos, como acaban de nacer pues no pueden expresar su decisión por lo que debería esperarse un tiempo prudencial hasta que finalmente decida esa persona si se encamina a lo masculino, lo femenino o quiere desarrollar su corporalidad en las condiciones como la naturaleza le aportó”, afirma Robalino, magíster en Ciencias Sociales con mención en Género y Desarrollo de FLACSO Ecuador (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) y exfuncionario del Ministerio de Salud Pública.

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La CIDH indica en su informe Violencia contra Personas Lesbianas, Gay, Bisexuales, Trans e Intersex en América que la esterilización forzada e involuntaria de las personas intersex representa una grave violación a los derechos humanos. Y que debe prohibirse toda intervención médica innecesaria en infancias intersex sin su consentimiento libre, previo e informado.

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¿Qué fue lo que motivó la realización de esta investigación que terminó en el libro?

Cuando era adolescente no había ni un profesor ni una materia, nada que hable de diversidad y de orientación sexual, lo que debería ser básico, en ese entonces ni eso había. Siempre me hacía la pregunta de cómo podría aportar para transformar los niveles de homofobia. Empecé en 2011 tras salir de la Universidad cuando escucho la ponencia de la doctora en Filosofía Diana Macías y me quedé impactado porque cuestiona incluso la biología. Que no hay dos formas naturales de humanos, sino que hay más, múltiples, la genética habla de hasta 90 cuerpos, variaciones naturales del cuerpo cromosómicas, gonadales, genitales. Al estudiar la maestría en género y desarrollo de la FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) mi proyecto de investigación tenía que ver con la intersexualidad, en ese entonces tampoco se abordaba tanto el tema en el país. Están todavía empezando a indagar a profundidad el tema de las identidades gay, lesbiana, trans, lo intersexual sigue siendo un tema abandonado, incluso dentro de los colectivos LGBTIQ. Empezamos a investigar aquí en Ecuador cuando no había ningún estudio en el país. Lo hice en tres hospitales para saber cuáles eran las argumentaciones médicas, jurídicas, para intervenir en este tipo de nacimientos. Entonces cuando normalmente nace un bebé se miran los genitales y no se sabe si son masculinos o femeninos, que este es uno de los tipos de intersexualidad. La medicina interviene pero no es para salvar la vida, sino para asignar un sexo y un género a una persona que acaba de nacer por una ideología binaria respecto a la sexualidad.

¿Cómo define la intersexualidad?

Es una variación natural del cuerpo biológico. La genética dice que son más de 80 variaciones corporales, naturales, la biología molecular habla de 90 a 120. Y así no hay como un límite fijo de corporalidad, entre los cuales la genitalidad, la carga cromosómica, gonadal e incluso la endocrina no se alinea a este paradigma de lo masculino y femenino, o sea, al cuerpo de un hombre y una mujer; al contrario, existen muchísimos cuerpos muy diversos que difícilmente calzan en este paradigma del macho y hembra en la naturaleza. La intersexualidad implica una diversidad muy grande y además que esta es biológica, que es algo que no se cuestiona mucho. Se ve a la biología muchas veces como un paradigma inquebrantable, entonces la intersexualidad es una variación del cuerpo, de las categorías de lo que estrictamente denominan el cuerpo de un hombre y el de una mujer.

¿En qué hospitales se centró la investigación?

Buscaba cuáles eran las prácticas que se realizaban ante este tipo de nacimientos en los hospitales Baca Ortiz (Quito), Verdi Cevallos (Portoviejo) y Rodríguez Zambrano (Manta). Quería saber de qué manera la medicina intervenía en este tipo de nacimientos, cuáles eran los argumentos principales para operar a estos bebés. Los discursos y las prácticas médicas emergen de un entorno en el que es imposible para los médicos dejar que estos niños, niñas, niñes se desarrollen en la forma como la naturaleza le aportó un cuerpo que no asimila ninguno de este paradigma binario entre hombre y mujer. Como se les hace difícil de admitir para que este niñe se desarrolle de la manera en que la naturaleza aportó le intervienen, es decir, cuando existen clítoris excesivamente largos se mutilan, cuando existen micropenes se niega la masculinidad y no son por razones médicas, sino son por razones de otra índole que tienen que ver con lo social, la práctica sexual o la identidad. No se realizan para salvaguardar la salud de estas personas.

¿Cuál es la visión de los médicos que hacen estas intervenciones?

Muy pocos médicos se cuestionan estas prácticas, de todas las personas que entrevisté apenas uno se cuestionaba y decía que debería ser visto no como una patología, sino como parte de la diversidad. La mayoría dice que las intervenciones eran necesarias por cuanto había cuestionamientos sociales respecto a eso. Cómo va a ejercer su función sexual, de qué manera se va a identificar, qué baños va a usar. No es que un día te levantas y dices soy hombre o soy mujer, se supone que eso ya está dado, pero en realidad no está dado, ese es un cuestionamiento grande.

Pero al ser recién nacidos sus padres aceptan estas intervenciones siguiendo el consejo del médico y se deben hacer si corre riesgo la vida del bebé.

No siempre es una decisión consensuada. La mayoría de profesionales de la salud dicen el diagnóstico, el tratamiento y no hay ninguna otra opción más, no hay ningún tema de formación, entonces es un discurso autoritario y el médico es el que impone su saber. En una de las entrevistas trascendió que son los padres los que deciden, y el médico les dice claro, pero les tenemos que aconsejar para que no cometan una decisión descabellada. El personal médico está imponiendo los límites dentro de los cuales va a realizar esa asignación sexo-genérica. Es el médico en el 99 % de los casos, ya que además no se informa debidamente a los padres que ocurrió algo preliminar, que hay una diversidad de orientaciones y de identidad, simplemente operan y actúan indicando que después esta persona sabrá lo que hace con su vida, nosotros actuamos dentro de los márgenes que nos rige la normalidad para que estas personas tengan una sexualidad saludable entre comillas.

¿Bajo que argumentos se hacen estas operaciones a los recién nacidos?

Les dicen, por ejemplo, que el bebé nació con una malformación en los genitales, incluso sin un examen de cromosomas para saber si pertenecen al sexo masculino o femenino, si es XX o XY. sin una prueba de cariotipo (que examina el tamaño, la forma y el número de los cromosomas). Sin ese tipo de pruebas que se exigen, por ejemplo, en el extranjero como el Consenso Médico de Chicago (en Estados Unidos) que rige algunas pautas para este tipo de intervenciones, ni siquiera eso se hace que es lo básico en este tipo de casos. Simplemente se comunica a los padres que el hijo nació con una malformación genital, entre comillas, hay que operarle e inyectarle hormonas testosterona, en el caso que le asignen el sexo masculino, durante un tiempo y que van a vivir como hombres normales, eso es lo que se realiza incluso hasta los 9, 10 o 12 años.

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¿Qué finalmente ocurre en estos niños que son operados?

No hay una pauta para definir si este tipo de intervenciones son exitosas o no. En las entrevistas que hice de los casos, ninguna fue exitosa. Esto ocurriría cuando la asignación de su genitalidad masculina en este caso, por poner un ejemplo, y el tema de hormonización haya surtido este efecto para transformar este cuerpo, entre comillas ambiguo, en un cuerpo masculino, muchas veces no pasa. Se llegan a enterar de la intervención de una de las peores formas. Por ejemplo, entrevisté a una persona que fue intervenida incluso sin el consentimiento de los padres, a él le asignaron el sexo masculino y tenía algo, algo que se llama hermafroditismo verdadero, que es una condición médica para llamar a estas 80, 90 variaciones corporales. Ya en el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, a los 12, 14 años de edad, empezó a producir una carga de estrógenos, por otro lado, tenía un útero y tejido ovárico y testicular al mismo tiempo. Al ir al baño un día empieza a orinar, pero en realidad lo que estaba haciendo era menstruando por el pene y toda la experiencia que tuvo es algo que no estaba documentado hasta ese entonces porque no hay un seguimiento médico. No hay el éxito esperado en este tipo de intervenciones tempranas porque no funciona así. La naturaleza te muestra que hay una diversidad gigante, no solamente de corporalidades sino también de orientaciones, de identidades, pero hay la insistencia estructural desde la ciencia, la medicina, incluso desde el derecho de que hay que mantener este paradigma binario a como dé lugar y se sacrifican cuerpos, orientaciones, con tal de que esta estructura siga su curso.

A ello hay que sumar la orientación sexual que finalmente asume esa persona.

Que sería heterosexual en una persona que tiene cromosomas XY y al mismo tiempo tiene un útero y ovario y se identifica como mujer, entonces las formas en que seguimos categorizando a la gente siguen siendo binarias, pero en realidad existen diversas maneras, estas casillas incluso de prácticas y orientaciones sexuales diversas, en las que no cabemos el 100 % de las personas.

¿Qué tan frecuentes son estos casos?

En los hospitales Verdi Cevallos y Rodríguez Zambrano de la provincia de Manabí fueron tres de cada mil nacidos en el 2016 y en el Baca Ortiz de Quito, en 2014, fueron 2 por cada 1.000. Una investigación reciente indica que fueron atendidos 400 bebés al mes durante 2019 por hipospadias (trastorno en el que el orificio del pene se encuentra en la parte inferior del órgano y no en la punta), que es un tipo de intersexualidad. Es el mayor receptor de este tipo de casos.

¿Qué otras formas de intersexualidad hay?

Hay otras formas de intersexualidad que no son evidentes ante los ojos del que atiende el parto, no se miran directamente en los genitales, por ejemplo, el síndrome de insensibilidad a los andrógenos, que son personas que muchas veces son criadas como chicas a pesar de que tienen un cromosoma XY, pero sus células son ciegas ante la testosterona (hormona producida por los testículos) y no se dan cuenta hasta que no pueden tener hijos. Les mandan a hacer un eco y ven que no tienen útero ni ovarios. No se dan cuenta hasta que tienen 16 o 18 años.

¿A cuántas operaciones se someten estas personas?

Son varias cirugías. A veces son 20 o más hasta los uno o dos años de edad. No es solo que este genital quede del tamaño y forma correctos para tener un coito normal y eso asegure la reproducción de la especie, más allá de eso, está el tema de la hormonización, la mutilación genital y el placer, es algo que está ausente totalmente. La idea es que estos genitales se vean lo más asemejables a la perfección, es decir, un pene que mide de 10 a 12 cm para que penetre en una vagina y pueda tener un coito normal, pero no importa si esa persona se queda sin sentir placer, al contrario, pueden sentir mucho dolor. Es un tratamiento invasivo, doloroso, que viola muchísimos derechos humanos, es algo supercomplejo. No es que se opera un genital y ya está solucionado el problema porque el modo en que se construyen los géneros es de manera colectiva. También debemos educar a la población en general que hay esta diversidad preliminar, entonces es un tema complejo. El hecho de orinar sentado, por ejemplo, puede ser un trauma.

El ámbito jurídico internacional prohíbe este tipo de intervenciones.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIFH) ha emitido varias resoluciones en el tema intersex, entre las principales, obliga a los Estados miembros (entre ellos, Ecuador) a no intervenir ni a tocar sus corporalidades. Los principios de Yogyakarta (que son una serie de principios sobre cómo se aplica la legislación internacional de derechos humanos a las cuestiones de orientación sexual e identidad de género) dicen en el principio número 32 que no se debería realizar ningún tipo de intervención, que tenga como finalidad transformar una genitalidad ambigua, entre comillas, excluyentemente masculino o femenina. No realizar procedimientos de hormonización para masculinizar o feminizar a este tipo de corporalidades, eso es un delito. Además, en el 2013 el relator Juan Méndez del Comité de la Tortura de Naciones Unidas indica que las intervenciones intersexuales son actos de tortura.

¿Qué responde ante las críticas de crear una tercera categoría para identificar a estas personas intersex?

Es un tema mal abordado y mal entendido. Hay que tener claro que es una variación natural del cuerpo biológico, de las múltiples que hay, 80 a 90 dice la genética. No es un tercer género ni tercer sexo, sino una diversidad tan grande que sería imposible decir que es un tercer género, por ahí no va. (I)

Los interesados pueden descargar el libro en el siguiente link.