Los insumos hospitalarios necesarios para las cirugías escasean en las unidades del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS). De ello dan cuenta los pacientes beneficiarios de la cobertura de salud de la entidad sometidos a operaciones o los que esperan por una.

Lizbeth Vera, de 34 años de edad, palpó esta realidad en una intervención del 3 de junio pasado en el hospital del norte de Guayaquil Los Ceibos, del IESS, unidad a la que entró por emergencias con dolor pélvico, debido a un embarazo ectópico, estado en el que el óvulo fertilizado se implanta fuera del útero, por lo que no sobrevive.

La cirugía era necesaria, ya que corría el riesgo de hemorragia, pero desde el ingreso observó que no había ni sábanas sobre las camillas. “Colocaban batas quirúrgicas para que los pacientes se recostaran, y luego me revisaron varios doctores intercambiando el mismo preservativo cuando me hicieron una ecología trasvaginal. Lo mejor es que, tras usarse una vez, sea desechado; pero no lo hicieron, porque no había más, me explicaron”, afirma.

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Todos los medicamentos fueron adquiridos por ella y sus familiares, al igual que los insumos: “Compramos hasta el hilo de sutura para poderme coser; eso fue demasiado. En total gastamos como $ 300″.

Antes de la operación, que es como una cesárea, le colocaron la anestesia focalizada en la mitad del cuerpo, pero Lizbeth igual sintió la incisión en su ovario izquierdo. “Lloré, grité y me retorcí del dolor. El doctor dijo que no podía seguir. Entonces, lo que hicieron fue dormirme por completo”.

Ya en la sala de recuperación se enteró de que a otra paciente le había pasado lo mismo, porque la anestesia que se usaba no era la correcta, menciona. “No había ni esparadrapos; solo me limpiaban y la herida quedaba al aire libre, ya que solo tenían gasa. La primera vez sí me la pusieron con un plástico que no pegaba, para que no se infectara. Los puntos (de sutura) estaban mal; una amiga enfermera que los retiró me dijo que en la abertura había seis, pero debían ser ocho como mínimo. Tras esta experiencia en emergencias, ya no regresé y me hice las curaciones privadamente”.

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Lizbeth cuenta que lo único que había era un cloruro (suero) para colocar las medicinas. “Uno aporta mensualmente a ese seguro (ella lleva aportando catorce años) y no se tiene la atención necesaria”, afirma. Solo en abril pasado se recaudó un total de $ 767,1 millones de los 3′681.094 afiliados activos del IESS.

Con la cirugía, Lizbeth se percató de que dan siete pares de guantes por guardia al personal de salud. “A una enfermera le pregunté por qué no se los colocaban; me respondió que leen bien el historial clínico y, si ven que no hay riesgo de infección, no se los ponen, porque luego hacen falta. Mi herida parece un costal de papa; yo digo que me cosió un pasante”.

Este Diario pidió una entrevista a la administración central del IESS, pedido en el que se adjuntó los planteamientos sobre la falta de insumos y de medicinas y la postergación y no programación de cirugías, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.

El último informe de rendición de cuentas de la entidad registra 19′859.523 atenciones médicas durante 2021, incluyendo las unidades de prestación de servicios del Seguro Social Campesino (SSC), que sumaron 1′921.434 atenciones.

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“De este total, 77 % fueron de consulta externa, 20 % de emergencia, 3 % hospitalización y cirugía. En 2020 fueron 16′755.122 atenciones, por lo que hay un incremento del 18,5 %”, indica el documento.

Con casi siete millones de beneficiarios (6′943.563, incluyendo a los afiliados y dependientes del SSC, que suman 1′046.844) de la cobertura de salud del IESS, es como si cada una de estas personas se hubiera atendido casi tres veces en el año.

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Son un total de 595.786 hospitalizaciones y cirugías realizadas en el 2021. Y el gasto del Seguro General de Salud Individual y Familiar del IESS fue de $ 2.168 millones durante el año pasado por las prestaciones de sus pacientes, 24 % más que en el 2020.

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A este valor se suman $ 242,08 millones destinados para la cobertura de salud de los afiliados y dependientes del Seguro Social Campesino (SSC), lo que da un valor final de $ 2.410,08 millones de gasto anual.

Pese a los casos de escasez de medicinas e insumos y la postergación de citas y de cirugías, que también reclaman los afiliados en las redes sociales, en la rendición de cuentas se indica que a través de la suscripción de contratos plurianuales se ha garantizado el mantenimiento de los equipos médicos en los establecimientos de salud del IESS.

El porcentaje de operatividad de los mismos se fijó, al final del 2021, en 95,11 %, mientras que en el 2020 el promedio fue de 93,73 % de equipos operativos.

El informe indica además que hay 35.477 servidores en el IESS, de los cuales el 74 % corresponde a personal de salud, 17 % a personal administrativo, 7 % a personal del Código del Trabajo y servicios manuales y 2 % al nivel jerárquico superior.

Hay una reducción del 4 % respecto al 2020, cuando se registraban 37.062 trabajadores.

La situación obedece “a una optimización del personal del área administrativa y de servicios generales de la institución, con una disminución del 27% del total de la reducción indicada, e incluye el reforzamiento de la nómina del personal de salud en enfermería y apoyo en un 39 %”.

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Sin embargo, en el informe no se analiza el número de cirugías programadas que se posponen por la falta de insumos o el daño de equipos, y menos las que deben hacerse y aún no son atendidas.

Afiliado espera desde hace un año por una cirugía no invasiva en el hombro

Tomás Arellano es un afiliado independiente al IESS con una lesión en el hombro, lo que requiere de una operación. Foto: Xavier Ramos

A Tomás Arellano Izaguirre, de 52 años de edad, se le disloca el hombro cuando realiza un movimiento brusco. Ha ocurrido unas seis veces durante los últimos siete años, por una lesión. Su diagnóstico es fractura en la cabeza humeral, lo que provoca que el brazo se desconecte del hombro.

La mayor parte de las veces yo mismo me lo acomodo, pero la penúltima vez (en junio del 2021) me llevaron a emergencias del (hospital del IESS) Teodoro Maldonado Carbo (en el sur de Guayaquil) y me anestesiaron, porque no me lo podían ubicar”, cuenta.

Allí le explicaron que su caso ya era de operación quirúrgica, porque había dejado pasar demasiado tiempo.

Entonces consiguió una cita en medicina general en el Hospital del Día Efrén Jurado, en el sur de Guayaquil, el 28 de julio del 2021, de donde lo derivaron a traumatología.

A esta última consulta acudió dos meses después, el 27 de septiembre del año pasado. “Allí me dijeron que la cirugía no invasiva que yo requería no se hacía en el Efrén Jurado, porque el laparoscopio (equipo que se usa en la intervención) estaba dañado. ‘Lo que puedo hacer por ti es enviarte la resonancia magnética y los exámenes, y transferirte al Teodoro, donde sí la hacen’, me indicaron”.

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Así se procedió y, llegada la fecha de la consulta, prevista para el 3 de enero último, resulta que el traumatólogo especialista en hombro estaba de vacaciones.

“Me atendió otro médico, quien me asignó otra consulta con el que podía operarme para marzo pasado. Finalmente me atendió ese especialista, pero me dijo que debía tener siquiera unos 200 dólares para cosas específicas que me iba a pedir y que no había en el Teodoro, como una venda especial”, indica Tomás.

La otra opción era derivar a un prestador externo para que haga la cirugía, pero con derecho a una sola consulta posterior.

“Entonces decidí esperar para hacerlo en el Teodoro y tener las citas de recuperación completas. Me hice los exámenes y, con todos los resultados, fui el 7 de junio (este mes). Todo estaba bien, me dijo el doctor, ‘pero te tengo una mala noticia: las cirugías con el laparoscopio están suspendidas’. En el argumento leí que colocaron en conclusión la falta de insumos y equipos para la intervención. ‘Daño de torres laparoscópicas y falta de cánulas’, decía”.

La postergación continúa. Ahora la cita quedó fijada para el 29 de agosto próximo, y la ronda de exámenes necesarios debe volverse a realizar.

Mientras, la última dislocación fue en marzo pasado, cuando Tomás se bañaba en Playas Villamil, en Guayas, y una ola fuerte le volvió a descolocar el hombro. “Allí yo mismo me lo acomodé”, refiere. Es con lo que tendrá que lidiar hasta que finalmente consiga ser operado. (I)