Las islas Galápagos no cuentan con las fuentes de agua dulce superficial que abundan en el Ecuador continental, por lo que el agua dulce es un recurso limitado en el archipiélago.
Gran parte del agua que utilizan los moradores de las islas proviene de plantas desalinizadoras, acuíferos subterráneos y la captación de agua lluvia en las zonas altas, según el Consejo de Gobierno del Régimen Especial de Galápagos.
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Según un comunicado de la empresa Ichthion, que se dedica a extraer plástico del océano, el proceso de desalinización “tiene altos costos energéticos y operativos”, lo cual convierte al agua en un recurso económicamente sensible para la población de Galápagos, que alcanzó los 28.583 habitantes de acuerdo al último censo.
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El censo, además, revela que el 87,8 % de los hogares tiene acceso a agua de la red pública, y solo el 29,4 % cuenta con alcantarillado.
“Para nosotros es clave visibilizar esta realidad en nuestras islas. Garantizar su sostenibilidad requiere planificación hídrica, inversión en tecnología eficiente, educación ambiental y corresponsabilidad entre autoridades, sector privado, comunidad local y visitantes”, dice Andrea Lema, directora país de Ichthion.
Además de ser escasa, el agua en Galápagos es susceptible a la contaminación por microplásticos debido al manejo ineficiente de desechos sólidos. Los acuíferos subterráneos en particular pueden resultar contaminados por este motivo.
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Por eso, Ichthion recomienda reducir el uso de plásticos, separar correctamente los desechos y utilizar el agua disponible de forma responsable. (I)




