En las montañas de San Isidro, el aroma del café ya no es solo una tradición, se ha convertido en sinónimo de progreso. Lo que antes salía de las fincas como materia prima barata, hoy regresa a las perchas de Manabí con marca propia, registro sanitario y un valor que se queda en casa.
A través del programa Sucre Productivo, una nueva generación de emprendedores está demostrando que el secreto para salvar el campo no es solo sembrar, sino transformar el producto.
El programa articula a más de 60 emprendedores, entre ellos destacan productores de café y plátano que decidieron transformar su cosecha. La meta es clara: comprar la cosecha a pequeñas fincas en la zona, procesar y vender con identidad propia.
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Café Muchique y el reto de la cereza madura
En la parroquia San Isidro, a 60 kilómetros de la cabecera cantonal, Sergio Zambrano lidera Café Muchique.
El proyecto nació hace casi dos años con una meta definida: procesar café de especialidad sin depender de intermediarios. Ellos compran directamente a fincas pequeñas (de 5 a 20 hectáreas) para que el dinero se quede en la misma comunidad.
Zambrano trabaja con alrededor de 20 pequeños productores de San Isidro y sectores cercanos. Compra exclusivamente “cereza madura”, es decir, granos seleccionados en su punto óptimo.
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“El agricultor estaba acostumbrado a vender el café revuelto. Nosotros les hemos hecho entender que, para pagarles un mejor precio, la fruta debe ser seleccionada: pura cereza madura”, explicó Zambrano.
El proceso se realiza en una pequeña planta instalada en la parroquia. Allí ejecutan el secado, el tostado y el empaque. Cuando la demanda aumenta contratan servicios de una asociación local con mayor capacidad instalada.
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El negocio funciona con dos familias que se encargan del proceso completo. El café es arábigo y se comercializa en varias presentaciones.
La funda de 400 gramos cuesta $ 10,50; y la de 250 gramos, $ 6,75. La marca tiene permiso sanitario, registro de marca y autorización de la Agencia Nacional de Regulación, Control y Vigilancia Sanitaria, señaló Zambrano.
Además de vender el grano, Café Muchique amplió su oferta. En ferias locales preparan capuchinos, mocachinos y café helado. También elaboran bombones de chocolate con whisky.
Actualmente distribuyen en Bahía, San Vicente, Guayaquil y Quito mediante aliados comerciales y envíos directos.
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Zambrano comentó que en sus inicios vendían diez fundas al mes. Hoy alcanzan entre uno y dos quintales mensuales.
“Esto es importante, porque el valor agregado permitió que el dinero permanezca en la misma comunidad y que los productores reciban ingresos más estables”, expresó.
Del chifle artesanal a la minifábrica
En Bahía de Caráquez, Margarita Gómez transformó quince años de trabajo manual en una microempresa formal.
Durante años vendió chifles al por mayor para locales de comida. Con el crecimiento de sus hijos decidió registrar la marca, obtener permisos y mecanizar la producción.
Hoy produce en una pequeña fábrica ubicada en la parte posterior del terreno de su casa. Cinco personas trabajan diariamente en el proceso.
Utiliza aceite de palmito, un aceite comestible que, asegura, mantiene la textura y permite una duración aproximada de seis meses en empaque sellado.
El producto cuenta con registro sanitario, marca y presentación comercial. Sin embargo, Margarita señala que se enfrenta a la competencia de marcas consolidadas.
“En Bahía, la venta del chifle en tiendas avanza lento. En cambio, hemos logrado colocar el producto en mercados de Manta, Guayaquil y Portoviejo”, expresó.
Gómez financió la modernización de su planta con un crédito y reconoce que el mayor reto no es producir, sino posicionar la marca. Aun así, insiste en su trabajo, ya que ayuda a sostener la economía de pequeñas fincas. Ella compra plátano a productores de la zona y lo procesa en el cantón.
El rol del Municipio como facilitador
Yadira Arroyave, directora de Turismo del Municipio de Sucre, detalló que Sucre Productivo funciona como plataforma de acompañamiento.
El programa promueve capacitaciones en finanzas, manipulación de alimentos, innovación y servicio al cliente.
También gestiona convenios con universidades y el Gobierno provincial para reducir costos de registro sanitario.
Según datos municipales, alrededor de 20 productos cuentan con registro sanitario formal. En total, el cantón suma más de 60 emprendimientos entre formales e informales. El objetivo es avanzar hacia la formalización progresiva de todos los emprendedores.
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El Municipio, además, construye seis nuevos quioscos en un corredor peatonal cercano al parque del Indio Cara, en Bahía. Estos espacios beneficiarán a emprendedores que cumplan requisitos y participen en capacitaciones. La estrategia busca ordenar el comercio y generar puntos de consumo local.
Arroyave sostuvo que muchos productores antes se limitaban a vender materia prima, pero ahora procesan café, arroz, miel, licores artesanales y textiles con marca propia.
En ferias y eventos municipales promocionan estos productos para atraer a turistas y dinamizar la economía en temporadas bajas.
La funcionaria dijo que el denominador común de estos emprendimientos es la economía circular. Los productores de café compran a microfincas de 5 a 20 hectáreas y los emprendedores de chifles adquieren plátano en la misma zona. El desafío ahora no solo es producir, sino posicionar marcas locales frente a grandes competidores, aseveró. (I)







