Entre la avenida Veintimilla y Amazonas, las tradicionales viudas de fin de año se congregaron para despedir al 2026 con una carrera que involucró creatividad y capacidad física para correr en tacones.

145 viudas participaron del evento, pero solo tres se llevaron el premio en efectivo, que estuvo patrocinado por varias empresas privadas y el Municipio de Quito.

La jornada estuvo acompañada por un intenso sol, la mañana de este miércoles, 31 de diciembre.

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En la primera carrera de viudas en tacones, que fue parte de la antesala para el concurso de monigotes en el norte de Quito, hombres con tacos finos y altos, pelucas de diversos colores y vestidos apretados corrieron por cinco cuadras para demostrar que el sexo masculino también puede, no solo caminar, sino adentrarse en el mundo del atletismo con estos zapatos, que para las mujeres es un verdadero reto usarlos.

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Las caídas fueron inminentes. La pista de la avenida Amazonas hasta la Colón no fue la mejor: el asfalto y las piedras dibujaron una aventura extrema para todos quienes se animaron a participar.

Extranjeros se sumaron a la tradición

Lo curioso de esta actividad fue que varios extranjeros, como de Alemania, Venezuela y Estados Unidos, también fueron parte de la fiesta.

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Así fue el caso de Adrian Cleveland, un ciudadano estadounidense, del estado de Colorado, quien se vistió de viuda y compitió para complacer a su novia, que es ecuatoriana.

No solo ecuatorianos participaron del evento, también lo hicieron extranjeros Foto: API

“Es maravilloso, es un momento para sentirse salvaje, expresar la cultura y celebrar algo que se había perdido, pero también para apreciar la comunidad y las tradiciones de otros países”, mencionó Adrian en inglés para este Diario, debido a que todavía está en fase de practica su español.

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De peluca rubia, vestido rojo y falda negra, Adrian aseguró que este tipo de actividades marcan la diferencia y que como turista las aprecia. También aprovechó el momento para contar que su novia fue quien lo vistió.

“Ella me hizo el maquillaje, escogió la ropa, mi cabello y mis zapatos también. Es muy difícil correr en tacones. Otra viuda que venía corriendo se cayó y vi cómo se golpeó el codo. Me tocó saltar para poder pasar”, añadió.

Las inscripciones se receptaron desde las 09:00 de este miércoles, 31 de diciembre, en una carpa pequeña, donde un gran número de estudiantes, profesores y empleados del sector privado y público se perdieron entre curiosas vestimentas femeninas.

Unos venían listos; otros se cambiaban en el lugar, probando que en realidad el vestido que tomaron de sus esposas, hermanas o mamás les quedaba acorde a su contextura.

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Las risas iban y venían. El calentamiento respectivo al inicio fue primordial para evitar lesiones, hasta que el silbato inicial sonó. Era una viuda de peluca verde quien se adelantó a todos con mucho dinamismo y velocidad.

Parecía que la práctica les estaba dando poderes, pues llegó primero, alzó las manos y le pasaron un vaso de agua, tal cual una competencia atlética de alta envergadura.

Tacones, dolor y triunfo

“Me sentí emocionado, primera vez que uso tacos, qué dolor. Mil respetos a todas las mujeres, no sé cómo aguantan, ya me estoy muriendo”, contó Paúl Chávez, ganador de la competencia, quien se hizo llamar Debora, de Cotocollao.

Su amuleto fue ponerse cinta de embalaje en los tacones, debido a que no le quedaba la talla, y fue su madre quien le dio la idea y lo apoyó para que pueda ganar la carrera.

“Gracias, mamita. Me dijo: ponte scotch. No me quedan los tacos de mi mami, me puse scotch. Me embalé en la carrera y hasta ahora no me lo creo”, mencionó Chávez.

Es la primera carrera que se da en medio del contexto del festival de monigotes Foto: API

Por instantes, Paúl no podía caminar. Los rizos de la peluca se movían por todo lado y su vestido corto llamó la atención entre los asistentes, que no paraban de tomarse fotos con él y preguntarle sobre el premio.

En segundo lugar quedó Kevin Fajardo que vistió con peluca naranja y vestido verde, y en tercero, Daniel Rivadeneira.

En una tarima montada entre la avenida Amazonas y Colón, los personajes desfilaron. Entre ellos, una viuda gigante que medía 1,92 metros sin tacones y 1,96 con tacones. No era de aquí: su nacionalidad era alemana, y se sintió feliz de poder participar y ser parte de las tradiciones de Fin de Año.

También hubo profesionales. Un profesor en modelaje, Sabel Oroña, quien dijo llamarse Dakota Delta, brindó su opinión sobre la carrera y el verdadero significado de la actividad.

“Es chévere que se abran espacios donde la cultura y la tradición se reflejen... es bonito poder romper estos estereotipos”, añadió Oroña.

El premio económico de $ 600 se repartió entre los tres ganadores, que se abrazaron y celebraron por todo lo alto. $ 300 fue para el primer lugar, $ 200 se llevó el segundo y $ 100, el tercero.

Este festival se replicó en el Parque de Cumandá el sábado, 27 de diciembre, y también se realizó, a la misma hora, en el sur de Quito este miércoles.

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Más de 100 participantes le devolvieron al sector de La Mariscal el brillo y la felicidad por unas horas, con tacones de cinco centímetros de alto, un requisito indispensable para poder competir. (I)