Las calles del centro histórico de Quito guardan historias, leyendas y secretos que muchos se han llevado a la tumba. Cientos de ciudadanos, entre niños y adultos, confluyen en un casco patrimonial que es atractivo para unos, pero que para comerciantes informales se convierte en un área de cemento de la que, como ellos mencionan, deben sobrevivir diariamente.