Las tortugas gigantes vuelven a caminar por la isla Floreana, en el archipiélago de Galápagos, por primera vez en más de siglo y medio. El retorno representó el pasado 20 de febrero un paso clave en la restauración ecológica de una isla que perdió a estos animales a mediados del siglo XIX.

El programa reúne a la Dirección del Parque Nacional Galápagos y a la organización Galápagos Conservancy. Ambas instituciones trabajan para reconstruir las poblaciones de tortugas.

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Su liberación en la isla exigió un gran despliegue logístico. Guardaparques y técnicos recorrieron cerca de siete kilómetros de terreno volcánico y zonas de difícil acceso para trasladar los ejemplares hasta su nuevo hábitat, indicó días atrás el Ministerio del Ambiente y Energía (MAE).

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Como elemento inédito, la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) reveló que la reintroducción incorporó una herramienta inédita en la conservación del archipiélago: datos satelitales de la agencia estadounidense. La tecnología permite anticipar en qué zonas tendrán mayores probabilidades de sobrevivir los animales liberados.

Sobre este acontecimiento, la NASA remarcó que se “marca un hito clave en la restauración de las poblaciones de tortugas en uno de los archipiélagos ecológicamente más singulares de la Tierra”

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Por qué desaparecieron las tortugas de Floreana

Las tortugas gigantes desaparecieron de Floreana a mediados del siglo XIX. Los balleneros que navegaban por el Pacífico cazaron miles de estos reptiles para alimentarse durante sus largas travesías, recordó la NASA en una publicación.

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Al mismo tiempo, especies introducidas como cerdos y ratas comenzaron a depredar huevos y crías. La combinación de caza intensiva y depredación provocó la desaparición local de la especie, indicó la agencia.

La ausencia de tortugas transformó el paisaje de la isla. Estos animales cumplen un papel clave en el ecosistema: pastan la vegetación y mantienen abiertos los claros, crean senderos al desplazarse entre zonas de alimento y transportan semillas a lo largo de grandes distancias.

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Un hallazgo inesperado reactivó la restauración

La publicación de la NASA señaló que la restauración comenzó con un descubrimiento inesperado a inicios del siglo XXI.

En el año 2000, investigadores que exploraban el volcán Wolf, en el norte de la isla Isabela, encontraron tortugas con características inusuales. Los científicos sospecharon que podrían tener vínculos genéticos con poblaciones desaparecidas.

Posteriormente, los análisis de ADN confirmaron la hipótesis. Las muestras extraídas de huesos de tortugas extintas de Floreana coincidían parcialmente con las de los animales hallados en Isabela.

Los investigadores concluyeron que esos reptiles conservaban ascendencia genética de la población original de Floreana.

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Una explicación probable apunta a los balleneros del siglo XIX. Muchos trasladaban tortugas entre islas como provisión viva para sus viajes. Ese movimiento involuntario habría preservado fragmentos genéticos de especies consideradas extintas.

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El hallazgo permitió iniciar un programa de reproducción en cautiverio. Desde entonces, el proyecto ha producido cientos de crías destinadas a repoblar la isla Floreana.

El mayor programa de recuperación de tortugas

La Nasa resaltó que, durante las últimas seis décadas, la Dirección del Parque Nacional Galápagos ha liderado uno de los programas de restauración de fauna más grandes del mundo.

En total, más de 10.000 tortugas gigantes nacidas en centros de crianza han sido liberadas en distintas islas del archipiélago, afirmó.

En la publicación describió que cada isla, sin embargo, presenta condiciones ecológicas distintas. Algunas zonas permanecen húmedas durante todo el año, mientras otras atraviesan largos periodos de sequía.

Las tortugas responden a estas variaciones desplazándose entre áreas de alimentación y anidación. Algunos individuos recorren varios kilómetros cada año, acotó.

Liberar animales sin comprender esas dinámicas reduce sus posibilidades de supervivencia, indicó la publicación. Por ello, los investigadores comenzaron a buscar nuevas herramientas para anticipar el comportamiento del hábitat.

Cuando la NASA entra en la conservación

En ese punto entra en escena la tecnología espacial, apuntó la agencia estadounidense.

Los satélites de observación terrestre de la NASA registran información detallada sobre vegetación, temperatura, humedad y precipitaciones. Estos datos permiten construir mapas ambientales de las islas, según una publicación en el sitio web de la agencia.

Los científicos utilizan esos registros para identificar zonas donde las tortugas encontrarán condiciones favorables, incluyendo agua y comida.

Según los investigadores, esta información ayuda a responder una pregunta clave: dónde tendrán más probabilidades de sobrevivir los animales liberados.

“Este es exactamente el tipo de proyecto en el que las observaciones de la Tierra de la NASA marcan la diferencia”, dijo Keith Gaddis, gerente del programa de Diversidad Biológica y Pronóstico Ecológico de NASA Earth Action, en la publicación hecha por la institución.

Además, las observaciones satelitales permiten analizar cómo cambian las condiciones del ecosistema con el tiempo.

Las misiones espaciales que apoyan el proyecto

El sistema de análisis combina datos de varias misiones espaciales, según la publicación.

Los satélites Landsat monitorean los cambios en la vegetación y la cobertura del suelo. Los satélites Sentinel, de la Agencia Espacial Europea, complementan el seguimiento de los ecosistemas.

La misión Terra mide la temperatura de la superficie terrestre, mientras que Global Precipitation Measurement registra patrones de lluvia.

Los científicos también utilizan imágenes comerciales de alta resolución para evaluar posibles sitios de liberación antes de iniciar el trabajo de campo.

Este conjunto de información permite observar las islas con una precisión difícil de alcanzar únicamente mediante expediciones terrestres.

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De la intuición a la precisión científica

El equipo desarrolló una herramienta de toma de decisiones basada en modelos de idoneidad del hábitat.

El sistema combina mediciones satelitales del ambiente, registros climáticos y millones de observaciones de campo sobre los movimientos de tortugas en todo el archipiélago.

Con esos datos, los investigadores generan mapas que indican dónde y cuándo liberar los animales.

Mapa muestra idoneidad del hábitat de las tortugas en las Galápagos. Los colores varían de bajo a alto para indicar una mayor probabilidad de disponibilidad de alimentos, humedad y hábitat de anidación adecuados, explicó la Nasa. Foto Observatorio de la Tierra de la NASA.

Este enfoque reemplaza decisiones basadas únicamente en la experiencia o la intuición.

“Es difícil para las tortugas porque son introducidas en este entorno desde el cautiverio”, explicó el investigador James Gibbs. “No saben dónde está la comida, dónde está el agua ni dónde anidar. Si podemos ubicarlas en lugares donde las condiciones ya son adecuadas, tendrán una oportunidad mucho mejor”.

En ese punto, los datos satelitales de la NASA resultan determinantes.

Gracias a ellos, los científicos pueden identificar zonas donde el alimento permanece disponible durante más tiempo o donde la humedad favorece el crecimiento de la vegetación.

Predecir el futuro del hábitat

Uno de los aspectos más relevantes del proyecto consiste en proyectar el futuro del ecosistema.

Las tortugas gigantes pueden vivir más de 100 años. Por eso, las condiciones ambientales actuales no garantizan su supervivencia a largo plazo.

Foto: Animalia

Los modelos permiten simular cómo podrían cambiar la vegetación, la temperatura o la disponibilidad de agua en las próximas décadas.

Las proyecciones se extienden entre 20 y 40 años, un periodo clave para la adaptación de las nuevas poblaciones.

Si el clima modifica el paisaje de Floreana, los investigadores podrán anticipar esos cambios y ajustar los sitios de liberación.

“Los modelos de idoneidad del hábitat y la cartografía ambiental son herramientas esenciales”, explicó Christian Sevilla, director de Ecosistemas de la Dirección del Parque Nacional Galápagos, según recoge el portal de la NASA.

“Nos permiten integrar datos climáticos, topográficos y de vegetación para tomar decisiones basadas en evidencia. Hemos pasado de la intuición a la precisión”, dijo para la NASA.

La herramienta de toma de decisiones se basa en diferentes misiones satelitales de la NASA y sus socios, indicó el portal.

En base a las relaciones de las tortugas y el medioambiente, incluso los equipos pueden realizar mapas de la idoneidad el hábitat actual y pronosticar cómo este puede cambiar en las décadas futuras a medida que cambien las condiciones ambientales.

Restaurar el papel ecológico de las tortugas

El regreso de las tortugas no busca únicamente recuperar una especie.

Los científicos también intentan restaurar procesos ecológicos que desaparecieron con la pérdida de estos animales. Al dispersar semillas y modificar la vegetación, las tortugas ayudan a mantener el equilibrio del ecosistema.

Si el programa tiene éxito, Floreana podría recuperar una población estable de tortugas gigantes en las próximas décadas. (I)