En el silencio de su pequeño consultorio, en el sureste de Quito, Rosa Tello se sentó tras un escritorio, cerró los ojos y contó que desde niña ha sentido la presencia de “otras energías”, una conexión que con los años aprendió a entender y canalizar.

Hoy, con más de 25 años dedicados al mundo astral, esta médium quiteña asegura haber acompañado a cientos de personas a encontrar respuestas en el más allá, sanar duelos o reencontrarse con su fe. Su historia se mueve entre la espiritualidad, la intuición y el escepticismo de una ciudad que todavía duda, pero escucha.

Una médium es una persona que se considera portadora de facultades paranormales, como mediadora para la comunicación hipotética con espíritus.

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Llovía en Quito durante una mañana reciente. Rosita vestía un turbante negro con amarillo, un poncho de lana y un buso crema. Al iniciar la entrevista, cruzó sus manos; sus ojos cafés reflejaban el camino transitado y su vasta experiencia, que describió desde sus inicios.

“Yo comencé a escuchar voces que se confundían entre ellas y me dolía hasta la cabeza. Entonces acudí a un buen amigo, y él me ayudó mucho para tratar de comprender qué estaba pasando conmigo”, inició Rosa.

Ella divagó entre lo incierto. Unos le explicaban cuál era su don; otros pensaban que era una simple condición. Sin embargo, quería investigar más a fondo la razón por la que podía comunicarse con seres del más allá.

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“Ingresé al Instituto Mexicano de Parapsicología y uno de los temas que tuve fue el mediumnismo. Entonces ahí amplié la información y me hicieron unas pruebas adicionales. Tenían que descartar que mi problema fuera psiquiátrico”, continuó.

El siguiente paso fue un viaje a la laguna de Mojanda, conocida como un portal astral por las energías que emanan de sus aguas. Allí comprendió que su don tenía un objetivo primordial: ayudar a la gente.

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“Considero y pienso que fueron elementos muy interesantes que me llevaron a entender. Inclusive pude retroceder en el tiempo para darme cuenta de que ya tenía alguna facultad para este oficio”, aseguró.

Su trabajo la ha llevado a realizar reportajes, recorridos por la historia e incluso cooperar con casos de desapariciones, como el de David Romo Foto: Alejandro Ortiz

Mensajes desde el más allá

Rosa ha colaborado con un centenar de personas a las que, según cuenta, les brinda la tranquilidad de saber que sus seres queridos están en paz. En otros casos, dice que son los mismos espíritus quienes alertan a sus familias, a través de ella, sobre cosas buenas o malas que podrían sucederles.

“Tengo gente de los Estados Unidos, de Inglaterra, israelitas, de Rumania… y a veces debemos utilizar traductores para que entiendan los mensajes. Los resultados siempre han sido positivos”, contó Rosa.

Su trabajo, aseguró, tiene un solo propósito: llevar paz a los familiares de un ser querido que partió y permitir que esas almas, muchas veces fallecidas trágicamente, puedan trascender.

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“Por ejemplo, en casos como suicidios o accidentes donde la persona salió sin despedirse y no pudo llegar a su casa, ahí trabajamos. En tiempos de la pandemia por el COVID-19 fue igual. Tuve la oportunidad de trabajar con gente de Guayaquil y se encontraban casos donde los cuerpos no eran los mismos”, manifestó.

Entre lo espiritual y el peligro

La mujer, que padece cáncer, pero mantiene su vitalidad intacta, aseguró que su profesión también es peligrosa, porque las fuerzas que no se ven son las más impactantes.

“Las personas que somos médiums nos convertimos en una especie de antena parabólica a la cual llegan una serie de señales y debemos escoger la más importante. Porque sí existen seres de bajo astral que se hacen pasar por la persona que buscamos contactar”, manifestó.

Mientras se desarrollaba la entrevista, la temperatura corporal de Rosa bajó. Sus manos estaban heladas y, con mucho sigilo, contó que mientras hablaba del mediumnismo, “almas la acompañaban y la observaban desde los rincones de la habitación.”

“Hice una visita a una casa del Centro Histórico y me encontré con un ser que no era un espíritu normal, era un ser de bajo astral. En medio del recorrido, hablé con él y me llegó a pedir el alma. Eso fue trágico y peligroso, pero intenté calmarlo para que la familia que residía allí pudiera estar en paz”, añadió.

Según relató, esa alma pedía que no caven en el terreno y que no busquen más allá de lo que sus ojos pueden ver.

“Tuve otro caso que fue duro. Me llamaron de distintos lugares porque querían encontrar una caleta —término que utilizan entre las bandas delincuenciales para referirse a donde guardan grandes cantidades de dinero—. Entonces, cuando pude contactarme con el dueño del lugar, él me dijo que no, que no eran quienes decían ser las personas que llamaban con insistencia”, apuntó Rosa.

También contó que se encontró cara a cara con el implicado en el crimen de una joven, tras recibir el mensaje de su espíritu.

“Ella me dijo que el hombre que la buscaba la mató y por eso no quería hablar”, recordó.

Preguntas básicas como el acta de defunción o algo que certifique que la persona existió, son los requisitos de una médium Foto: Alejandro Ortiz

El más allá en el corazón de Quito

Rosa ha cooperado en actividades realizadas en casas patrimoniales del Centro Histórico, donde ha logrado evidenciar cómo se vivía antes y encontrarse con seres que aún no abandonan lo que un día fue su hogar.

Asimismo, la médium quiteña, docente de profesión, colaboró con la investigación que realizó la Policía Nacional sobre la desaparición de David Romo. No obstante, abandonó el estudio porque calificó la presencia astral del joven como “resentida”.

“Producto de dicha actividad entré muy grave al hospital”, dijo ella.

“No tengan miedo”

El escepticismo de la gente es algo con lo que Rosa ha tenido que batallar. Muchos la han llamado “falsa”, “mentirosa” o “estafadora”, pero ella dice saber por qué trabaja y lo que ha vivido dentro del mediumnismo, un punto intermedio entre la vida y la muerte.

“Esto no es una ciencia porque no podemos probarlo, pero sí podemos vivirlo. Entonces, es un espacio donde podemos mostrarnos como seres humanos íntegros”, señaló.

La extensa charla llegaba a su fin. Rosa cruzó las piernas, se movió en la silla y regresó la mirada hacia su izquierda. Allí, en medio de la entrevista, una lámpara se movió.

“No tengan miedo —dijo—. Son mis seres astrales que me cuidan y me advierten cuando alguna persona no es confiable o cuando algún proceso o sesión está fallando.”

Ella narró con nombres varios nombres de los seres astrales que considera la acompañan, entre esos una niña con síndrome de Down que “le brinda su calor” y otro que le proporciona fuerzas en sus citas médicas.

“Valentina es una niña (con síndrome de) down que me acompaña en todo momento, siempre brindándome su calor. O Carlitos, que me daba fuerzas cuando me tocaban mis citas médicas por el cáncer.

También está Marcelito: a él lo secuestraron y ya no está entre nosotros. A veces me visita y me dice: ‘Rosita, dile a mi hija que les están siguiendo’. Yo llamo a la familia y alerto. Luego de un tiempo, en realidad, los estaban siguiendo”, concluyó Rosa.

En base a un material piedroso, Rosa realiza sesiones para sanar adicciones y calmar el alma Foto: Alejandro Ortiz

Ella atiende en Conocoto. Un cuaderno de apuntes es su herramienta más fiel: allí escribe cada mensaje del más allá, como si fueran recetas dictadas por las almas, que confían en ella para llegar nuevamente a los vivos. (I)