Temas vinculados a movilidad, producción, economía, uso de suelos, inteligencia artificial, seguridad y servicios básicos son algunos de los desafíos que plantean urbanistas para Quito para este 2026.
Jacobo Herdoíza, planificador urbano y especialista en desarrollo de ciudades, expuso los principales desafíos que enfrenta la capital.
Los desafíos de Quito con la IA
El reto fundamental, según él, es generar una dinámica de desarrollo económico continuo y previsible a largo plazo.
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Señala que la ciudad ha perdido empleo, atractivo económico y no ha recibido inversión nacional ni extranjera directa, y hay altas tasas de subempleo e informalidad. Para abordar esta situación, propone una agenda de corto plazo estructurada en cinco ejes estratégicos.
El primer eje es la reconversión productiva en la era de la inteligencia artificial, que busca transformar el comercio informal de baja productividad en un tejido microempresarial basado en tecnologías digitales. Sostuvo que para ello se deben generar incentivos, estímulos, capacitación y plataformas de comercialización. Ve en instituciones municipales vinculadas al desarrollo económico un apoyo clave.
El segundo eje se centra en la movilidad, con el objetivo de convertir a Quito en una “ciudad de 60 minutos”, reduciendo los tiempos de desplazamiento entre el hogar y el trabajo a través de inversiones en infraestructura, eventualmente eléctrica, integración tarifaria y operativa en el transporte público.
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La clusterización de la economía del conocimiento es el tercer pilar, aprovechando la alta concentración de universidades para fomentar la colaboración entre la academia y el sector empresarial, utilizando la inteligencia artificial aplicada, la agrotecnología, la economía creativa vinculada a la cultura, entretenimiento, moda, diseño, gastronomía y la biotecnología. La Mariscal y la Zona Económica de Desarrollo Especial, a su criterio, pueden ser dos anclas fuertes.
El cuarto eje es una reforma radical de los usos de suelo para flexibilizar las normativas, agilizar la tramitología y promover una reconversión de zonas clave como el Centro Histórico, la avenida 10 de Agosto, La Mariscal. “Quito tiene muerto un patrimonio inmobiliario enorme y se fomenta la llamada dispersión urbana”, dijo.
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La digitalización profunda del municipio es el quinto eje, implementando una plataforma digital que funcione como una ventanilla única, incorporando inteligencia artificial para revisiones preliminares, ágiles y baratas y disminuir los costos transaccionales a fin de mejorar el clima de negocios.
A sus propuestas las llama “giro de tuerca institucional”, porque en manos del cabildo está hacer reformas institucionales con recursos moderados.
En su análisis, critica la gestión actual de la administración municipal. Argumenta que no ha habido una apuesta consistente por el desarrollo económico, por la simplificación de trámites o por una digitalización.
Considera que la ciudad ha perdido competitividad frente a otras urbes del país debido a una falta de alineación estratégica hacia el desarrollo económico, aunque reconoce que hay obras y programas municipales.
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Para Esteban Najas, arquitecto, el problema de fondo no es la falta de proyectos, sino la debilidad estructural con la que se toman y sostienen las decisiones urbanas.
Forma parte de una firma especializada en consultoría, diseño, ingeniería y construcción con varios años de trayectoria internacional.
Estos son los cinco desafíos que propone:
Las apuestas desde agua hasta seguridad
Una gobernanza urbana y escenario electoral 2027. El principal desafío de Quito no es técnico, sino institucional. En una ciudad que elige alcalde en una sola vuelta, la atomización del voto genera gobiernos con baja representatividad y escaso margen político para decisiones complejas, opinó.
La capital necesita llegar a 2027 con un escenario más responsable: menos candidaturas sin base real y mayor conciencia del costo que la fragmentación electoral tiene para la gobernabilidad, señaló.
El segundo desafío es agua y resiliencia hídrica. La escasez de ese servicio básico dejó de ser una hipótesis futura y se convirtió en un problema urbano inmediato. Quito opera con un sistema hídrico vulnerable, dependencia de fuentes frágiles y una gestión todavía fragmentada.
El desafío no es únicamente ampliar la infraestructura, sino pensar el agua como un sistema hídrico integral: fuentes, redes, pérdidas, consumo, mantenimiento y gobernanza. En ese marco, ríos urbanos como el Machángara no son un tema separado, sino parte del mismo sistema hídrico. Tratar los ríos solo como canales de descarga reduce la resiliencia de la ciudad ante la escasez.
La seguridad como política urbana es el tercer desafío. La seguridad no puede abordarse únicamente desde la reacción policial. Tiene una dimensión claramente urbana: espacio público activo, iluminación adecuada, transporte confiable, control territorial y coordinación institucional.
La inseguridad tiende a crecer donde la ciudad se repliega. El desafío es integrar la seguridad y la planificación urbana mediante indicadores claros y públicos que permitan evaluar qué decisiones están funcionando y cuáles no, acotó.
Según Najas, la movilidad y el Metro son un eje estructurante, pues debe consolidarse como la columna vertebral del sistema de movilidad, no como un proyecto aislado. La integración tarifaria, las rutas alimentadoras, la intermodalidad y la calidad del servicio son elementos pendientes.
“Si el Metro no organiza el resto del sistema, su impacto urbano será limitado. 2026 es un año clave para realizar los ajustes necesarios antes de que el modelo se rigidice”, dijo como su cuarto eje.
Uso del suelo y transparencia en la toma de decisiones es el último. Quito, adujo, cuenta hoy con instrumentos de planificación vigentes. El problema central no es la ausencia de norma, sino la forma en que se aplican las decisiones.
El desafío es avanzar hacia la transparencia en todo el proceso, no solo en el resultado final: quién solicita, quién evalúa, quién decide y con qué criterios técnicos.
Estos desafíos están conectados entre sí. Sin una gobernanza sólida, la gestión del agua, la seguridad, la movilidad o el uso del suelo se vuelven fragmentarias. La capital necesita capacidad institucional para sostener un proyecto de ciudad, acotó Najas. (I)























