Postrado en una cama está Ariel, un joven de 14 años, con lentes cuadrados, robusto y una sonrisa que solo la inocencia de un niño podría percibir. Él padece distrofia muscular de Duchenne (DMD), una enfermedad que debilita los músculos y los degenera progresivamente, al punto de comprometer el corazón y los pulmones.


