Es jueves 22 de enero, la lluvia de media tarde azota con fuerza la ciudad de Quito. Un paraguas rojo, que también soporta la fuerza del viento, cubriendo a medias a dos mujeres, cruza de prisa la calle —por el apuro de las mujeres— se dobla en la entrada de la cafetería y librería Tres Gatos. Adentro, en una mesa, otra mujer espera.


