Patricia Mendoza empujaba una carreta cargada de recipientes plásticos por las calles del barrio 15 de Septiembre, en Manta. La mañana del lunes llegó hasta un reservorio para llenar baldes y bidones con agua que luego llevaría hasta su vivienda.
En su casa, el aljibe ya está vacío. “Nunca habíamos pasado tanto tiempo sin agua. Ya son casi ocho días sin agua potable, sin que llegue nada por la tubería”, cuenta mientras acomoda los envases que logró llenar.
La escena se repite en varios barrios de la ciudad y en otros cantones de Manabí. Mientras el invierno deja lluvias constantes en la provincia, miles de familias buscan agua para las tareas más básicas del hogar, porque no les llega por la tubería.
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La paradoja resulta evidente: Manabí tiene ríos crecidos y lluvias intensas en la parte central, pero el agua no llega a los grifos.
El factor técnico: cuando el agua se vuelve imposible de potabilizar
Detrás de este problema hay una explicación técnica. Las lluvias intensas arrastran sedimentos, arena, ramas y palizadas hacia los ríos. Ese fenómeno incrementa la turbiedad, un indicador que mide cuán cargada de partículas está el agua.
Las plantas de tratamiento tienen límites para procesarla. Cuando la turbiedad supera ciertos niveles, el proceso de potabilización se vuelve inviable. En varios sistemas de la provincia el límite técnico se ubica cerca de 10.000 NTU (unidades nefelométricas de turbidez).
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Sin embargo, en este invierno los valores han superado esa cifra.
En Jipijapa, los registros alcanzaron 14.000 NTU, según autoridades locales. En esas condiciones, las plantas deben cerrar compuertas para evitar daños en los sistemas de tratamiento.
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El resultado es inmediato: aunque los ríos llevan abundante agua, las plantas no pueden convertirla en agua potable.
Un problema que desborda fronteras
La crisis no se limita a un solo cantón. Varias ciudades de Manabí enfrentan dificultades para mantener el servicio.
En Manta, por ejemplo, cerca del 70 % de la población enfrenta interrupciones o escasez del servicio. Las plantas potabilizadoras no logran procesar el agua cruda por los niveles extremos de turbiedad que arrastran los ríos durante la temporada invernal.
A ese problema se sumó un daño en el acueducto que transporta agua desde la planta El Ceibal, lo que obligó a suspender el suministro en gran parte de la ciudad.
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Cuadrillas técnicas recorrieron los 36 kilómetros del acueducto con drones y equipos de medición de caudal. Finalmente localizaron el daño: un desacople en una tubería de 800 milímetros en la vía Manta-Rocafuerte.
La rotura obligó a suspender el servicio para parroquias como Manta, Tarqui, Los Esteros, San Mateo, Urbimanta y zona rural.
Todas estas áreas dependen del sistema El Ceibal, que abastece aproximadamente al 70 % de la ciudad.
El gerente general de la Empresa Pública Aguas de Manta (EPAM), Luis Gustavo García, sostiene que la crisis responde principalmente a factores naturales propios del invierno.
Según explica, el sistema enfrenta problemas en sus dos principales fuentes de captación: Caza Lagarto y El Ceibal. Las lluvias elevan la turbiedad del agua y obligan a detener el bombeo en varias ocasiones.
“Si paramos diez horas por turbiedad, se pierden aproximadamente 30.000 metros cúbicos de agua al día”, señala.
El funcionario asegura que los equipos técnicos trabajan para reducir el impacto de la temporada invernal. Durante los últimos días realizaron mantenimiento en estaciones eléctricas, limpieza de captaciones y reparaciones en el acueducto.
La empresa también activó un plan de contingencia con tanqueros, coordinado con dirigentes barriales, para abastecer a sectores con mayor afectación.
En Chone, la planta de tratamiento también redujo su producción la semana pasada debido al aumento de sedimentos en el agua cruda.
Como medida de contingencia, el Municipio activó la distribución mediante tanqueros para abastecer a barrios y ciudadelas donde el servicio disminuyó o se interrumpió.
Los vehículos recorren sectores urbanos con entregas programadas, mientras las autoridades esperan que disminuya la turbiedad en las fuentes de captación.
En Jipijapa, la alcaldesa Ángela Plúa alertó de que el río Portoviejo, de donde captan agua, presenta niveles extremos de turbiedad debido a las lluvias y la acumulación de palizadas.
Según explicó, los registros han alcanzado 14.000 NTU, una cifra que supera la capacidad de tratamiento de las plantas actuales.
Ante este escenario, el Municipio impulsa la construcción de un presedimentador, una infraestructura diseñada para filtrar sedimentos antes de que el agua ingrese al sistema de potabilización.
El objetivo consiste en reducir el impacto de las lluvias y evitar interrupciones prolongadas en el servicio.
En Puerto López, la empresa municipal suspendió temporalmente la distribución de agua tras la crecida del río Ayampe, registrada durante la tarde del domingo pasado.
Las autoridades mantienen monitoreo permanente del caudal para restablecer el suministro cuando las condiciones lo permitan.
La crítica ciudadana
El problema está allí. Sin embargo, en varios barrios de Manta la explicación oficial no calma el malestar.
Jhonny Briones, presidente del sector Sí Vivienda, afirma que algunas zonas llevan más de dos semanas con interrupciones. “Hay barrios que tienen 16 días sin agua”, señala.
El dirigente asegura que en la zona de expansión urbana viven cerca de 30.000 personas distribuidas en 17 barrios.
En esos sectores, los habitantes dependen de tanqueros privados para abastecerse.
El costo varía según la demanda. “Para llenar un aljibe pequeño, cada tanque puede costar entre $ 1,50 y $ 2, dependiendo del tanquero”, explica.
Briones cuestiona la falta de planificación frente a un problema que se repite cada invierno. “Todos los años ocurre lo mismo. Las autoridades deberían prepararse antes de que lleguen las lluvias”, afirma.
Invierno complejo en Manabí
La crisis del agua ocurre en medio de una temporada invernal intensa en la provincia. Entre el 1 de enero y el 6 de marzo de 2026, las autoridades registraron 67 eventos adversos relacionados con lluvias, según datos de la Secretaría de Gestión de Riesgos.
Los reportes incluyen inundaciones, aluviones, deslizamientos, emergencias por precipitaciones intensas.
En lo que va del año 2026, Manabí está entre las tres provincias que presentan un mayor impacto en su población debido a las lluvias después de Guayas y Esmeraldas.
Actualmente la provincia está en alerta naranja por las fuertes lluvias que inundan barrios enteros, en medio de una contradicción: agua en los ríos, pero no en los grifos. (I)







