El pasado 14 de enero, una casa patrimonial se derrumbó parcialmente en el sector de La Tola Alta. Cuatro personas en situación de calle quedaron atrapadas y el Cuerpo de Bomberos se desplegó al lugar para atender a las víctimas.

Dos de ellas fueron dadas de alta en la zona, mientras que las otras dos fueron trasladadas a una casa de salud cercana para una valoración más completa.

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Eran aproximadamente las 16:00 cuando el estruendo de bloques, palos, ladrillos y vidrios alertó a los moradores de La Tola Alta, que salieron por sus ventanas y puertas para observar lo ocurrido. Quienes transitaban por la acera aledaña tuvieron que correr ante la densa nube de polvo que levantó el colapso estructural del inmueble.

La emergencia dejó cuatro heridos que fueron rescatados entre los escombros. Moradores aducen que eran habitantes de calle que tienden a utilizar estos espacios. Foto: Carlos Granja Medranda

Ubicada en las calles Chile y Calixto, esta vivienda ya se había derrumbado por primera vez el 30 de abril de 2024.

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Según el Municipio, el propietario fue denunciado ante la Fiscalía General del Estado por incumplir el marco legal vigente de mantenimiento, cuidado y protección de inmuebles patrimoniales.

Colapso de vivienda en La Tola Alta

“La primera vez cayó la mitad de la casa y la segunda vez fue esta. Solo queda una pared levantada; incluso, esta vez hubo heridos. Eran habitantes de calle que ingresan a estos predios”, sostuvo Ernesto Paucar, presidente del Comité de Seguridad del barrio La Tola.

Parte de la calle Chile permanece vallada. Cintas de seguridad con la palabra “Peligro” resguardan el perímetro y agentes de control se turnan para custodiar lo que hoy son únicamente escombros.

Ernesto, con el rostro visiblemente molesto, aseguró que esta emergencia es solo la punta del iceberg, pues el abandono de estos predios ha traído consigo problemas sociales de mayor magnitud.

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“Esto es solo uno de los tantos casos que han ocurrido sin solución”, manifestó al calificar la situación como “grave”.

Además, auguró que los herederos que han quedado en representación de las antiguas casas se apoderen de estas. “Cuando los dueños fallecen, pelean por la herencia y al final dejan que las infraestructuras se destruyan”, continuó Paucar.

En el centro de Quito, en el sector de La Tola Alta, existen casas abandonadas y, por este motivo, los mendigos e indigentes las ocupan. Foto: Carlos Granja Medranda

El dirigente estimó que son más de 100 casas en total las que se encuentran en estado de abandono y con riesgo inminente de colapso en distintos sectores, mientras que en La Tola Alta son alrededor de doce inmuebles los afectados, los cuales generan graves problemas de inseguridad.

“Ese es otro de los males. Las casas abandonadas sirven de refugio para habitantes de calle, relató, al exponer el reciente derrumbe de una vivienda.

Patrimonio en abandono y temor vecinal

Entre los problemas identificados, Paucar mencionó la imposibilidad de intervenir o refaccionar inmuebles patrimoniales debido a que forman parte del centro histórico, lo que provoca que paredes deterioradas, ventanas rotas y techos destruidos se conviertan en focos de riesgo permanente.

“El muro que quedó no se puede retirar porque es patrimonial, pero por aquí pasan carros y podría colapsar en cualquier momento. Tampoco podemos cerrar la calle, porque es principal: circulan buses escolares, transporte público y vehículos privados. Un movimiento brusco puede hacer que esa estructura se venga abajo. Por eso hemos pedido soluciones”, manifestó.

Agotado tras subir la empinada cuesta hasta su vivienda, Ernesto comentó que mantuvo una reunión con el área correspondiente del Municipio, a la cual solicitó atención prioritaria, ya que esta problemática afecta a varios barrios del centro de Quito.

“Hay casas y terrenos que son propiedad del Municipio de Quito y, lamentablemente, no se ha dado solución. A los dueños de propiedades privadas también se les debe exigir responsabilidad. No solo existe el peligro de un colapso estructural, sino que estas casas funcionan como refugio de malandrines que generan miedo entre los vecinos”, apuntó.

Estas zonas son hogar de personas que consumen droga y llevan basura, lo que causa un olor nauseabundo en el barrio. Foto: Carlos Granja Medranda

El dirigente pidió un mejor censo por parte de las autoridades y la creación de una ordenanza que permita que estos inmuebles abandonados sean refaccionados y destinados al uso comunitario.

“En mi calidad de presidente del barrio, varias fundaciones han solicitado espacios para trabajar. Con tantos lugares abandonados, me gustaría otorgarlos quizá mediante comodato o arrendamiento para que ellos se encarguen de dar solución a este problema”, aseguró.

Solo en una manzana, el recorrido de un equipo de este Diario contabilizó cinco viviendas con pintura desprendida, ventanas trizadas, basura acumulada en su interior y un olor nauseabundo a heces.

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En un callejón sin salida, varias personas habitaban en una especie de vecindad improvisada.

Jorge Luis Ozaeta, residente de La Tola Alta desde hace más de diez años, se mostró afligido por la situación del barrio.

“Últimamente vemos, con mucha preocupación, cómo los indigentes están invadiendo el sector y trayendo malos vicios. Nuestros niños perciben el olor de la droga que se consume”, comentó.

Según el hombre, el abandono de ese predio se produjo tras la migración de una familia indígena a Estados Unidos, cuyos integrantes nunca regresaron, dejando el inmueble deshabitado.

“Los roedores, sobre todo las ratas, y la acumulación de basura han convertido esto en un botadero impresionante. Hace tiempo que el barrio dejó de ser residencial por culpa de las casas abandonadas”, señaló.

Finalmente, el Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP) informó que ha empezado una reunión multisectorial para delinear acciones y mantener diálogos con los propietarios de bienes privados, con el fin de estabilizar y recuperar el inmueble colapsado, así como otros que se encuentran en estado de deterioro. (I)