Después del 3 de enero no paran de entrar y salir buques petroleros al Lago de Maracaibo, la otrora cuna petrolera de Venezuela.
La agencia AFP ha documentado tanto el arribo como la carga de buques petroleros prácticamente a diario.
El lugares de llenado como el muelle de Bajo Grande en promedio dos barcos cargan mientras otras tripulaciones esperan fondeadas en la bahía.
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Informaciones divulgadas por medios estadounidenses revelan que la mayoría de los buques que entran y salen de Venezuela corresponden a embarcaciones fletadas por Chevron, la única petrolera estadounidense que opera hasta ahora en ese país.
Durante su primer mandato el presidente Donald Trump aplicó un embargo al petróleo de Venezuela vigente desde abril de 2019. Durante el gobierno del demócrata Joe Biden algunas de las sanciones sobre la estatal petrolera de Venezuela, PDVSA fueron flexibilizadas.
No obstante, en su segundo mandato Trump renovó estas sanciones permitiendo solo algunas operaciones. Esto ha cambiado después de la incursión militar estadounidense en Caracas.
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Trump prácticamente se ha adjudicado el manejo de la industria petrolera venezolana, así como el destino que tendrán los fondos producto de la venta de petróleo.
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El líder republicano señaló que Venezuela, de entrada, deberá entregarla a Estados Unidos entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo.
La presidenta interina, Delcy Rodríguez, ha dicho que los recursos derivados de la venta de crudo se destinarán a la recuperación de los hospitales postrados durante años, así como el mejoramiento de los ingresos a los trabajadores.
El futuro petrolero de Venezuela está por verse, pero de momento ha dado giros inesperados que apuntan hacia una recuperación progresiva de la vital industria petrolera. (I)
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