Cuba se despidió el primer día del 2021 del peso convertible (CUC), que desde 1994 sustituía al dólar en la isla, y comenzó su largamente pospuesta unificación monetaria con temor a la inflación y en medio de la crisis más grave que sufre la nación en tres décadas.

Al coincidir con un feriado, el “día cero” transcurrió con normalidad, muy poca gente en las calles y sin que se reportaran incidentes de importancia, salvo algunos fallos por reajustes en aplicaciones bancarias o de pago.

Desde el 1 de enero el peso cubano (CUP) es la única moneda de curso legal en la isla, aunque durante seis meses el CUC podrá cambiarse en los bancos, casas de cambio y emplearse para pagar en efectivo comercios estatales que devolverán el cambio en CUP.

Los cajeros automáticos ya han comenzado a ser adaptados para dispensar billetes de mayor denominación. La máxima será la de 1.000 CUP y la mínima, la de 20.

El 1 de enero también entró en vigor una única tasa cambiaria de 24 CUP por un dólar, lo que unifica las varias cotizaciones hasta ahora, que dificultaban conocer el estado real de la economía cubana.

La nueva tasa implica una fuerte devaluación del peso cubano en el mayoritario sector estatal, donde hasta el último día del 2020 el CUC, el CUP y el dólar eran paritarios. Para la población, en cambio, la devaluación es mínima, ya que el dólar se cambiaba a 25 CUP.

Según estimaciones oficiales, el nuevo tipo de cambio deja “en una situación compleja, casi que de pérdida” a casi medio millar de empresas estatales que hasta ahora eran artificialmente rentables y para las que el Estado prevé destinar ayudas por 18.800 millones de pesos (unos $ 783 millones).

Pese a esa nueva tasa fija, el dólar en el mercado informal ya ronda los 50 CUP y se espera que siga subiendo ante las dificultades para acceder a dólares en efectivo en el país, que atraviesa una seria crisis de divisas agravada por el COVID-19 y el incremento de las sanciones de EE. UU., que alcanzan al envío de remesas. (I)