¿Por qué no se deben hacer fogatas, botar un mínimo desperdicio como la colilla de los cigarrillos o entrar con vehículos o cuadrones a las playas?

Dar respuestas explicativas sobre las consecuencias de las acciones es la esencia de las campañas y la señalética colocada en la comuna de Olón, en la provincia de Santa Elena, para generar cambios en el comportamiento de la población.

Las fogatas producen un calor extremo, lo que implica que todo ser viviente que está bajo la arena, sobre la que está el fuego, morirá calcinado. “Puede que, sin saberlo, se haga una sobre un nido de tortuga”, dice Juan Chávez, gerente del proyecto marino costero del Ministerio del Ambiente, ejecutado por Conservación Internacional, la Organización de las Naciones Unidas de la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) y la Fundación Hivos.

Uno de los letreros advierte ‘No fumar’, porque las colillas de cigarillos contaminan con metales pesados la vida marina. “Todo se explica”, dice Chávez.

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Las fundas plásticas bajo el mar son confundidas por las tortugas con medusas, por lo que las consumen y les producen una obstrucción intestinal que les impide defecar; finalmente mueren.

“Sirve de poco poner letreros prohibitivos; cuando a cada una de las normas se le pone una razón eso sí llama a la conciencia”, agrega el especialista.

Los cuadrones, motos y vehículos que van por la playa ejercen un peso que aniquila a miles de invertebrados que viven enterrados en la arena y que son el alimento de aves. “Están los pájaros playeros que meten el pico en la arena, al igual que los zarapitos y los ostreros”, dice Chávez.

En la arena viven los caracoles y los cangrejos fantasma, que tienen la función de limpiar el ecosistema, ya que son carroñeros. Toda esta fauna es afectada por el ingreso de los vehículos motorizados. “Entonces, no solo es por la tortuga marina o sus crías”, indica.

Las prohibiciones generan conflictos con quienes se dedican al alquiler de cuadrones o de estacionamientos que ocupan la arena seca, donde anidan las tortugas marinas.

En Olón se creó Punto Verde, una asociación de fundaciones que ha viabilizado varias acciones en el ámbito cultural, ambiental y educativo. Su vicepresidente, Jonathan Borbor, afirma que a la Municipalidad de Santa Elena le compete el ordenamiento territorial. “Mientras no se den alternativas sí se darán ciertos impases en la playa”, acota.

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En lo que hay avances, añade Borbor, es en la reforestación con plantas nativas como guayacanes, algarrobos, cedros, bromelias y orquídeas. Además, con el apoyo de la Fundación La Iguana, saldrá en diciembre próximo la primera promoción de quince guardaparques locales y extranjeros capacitados en una escuela creada con esa finalidad.

Una biozanja con plantas nativas se instaló junto al parque de Olón. Foto: Cortesía Punto Verde

Del colectivo son parte Mingas por el Mar, la Fundación Ecológica Oloncito y Paws Olón, entre otras. El proyecto ocupa una propiedad que el Ministerio del Ambiente entregó en comodato en agosto del 2019. Allí funciona una veterinaria comunitaria que cobra valores voluntarios y una biblioteca.

El cambio debe ser integral, recalca Chávez, refiriéndose a la colocación de plantas introducidas en los jardines de las mansiones de la comuna. “Algunos cortan una especie endémica del sur del Ecuador y norte de Perú, una planta rastrera con flores amarillas (Pectis arida), que crece sobre la arena donde no llega la marea, que es el ecosistema donde anidan las tortugas marinas. La destruyen para sembrar el césped filipino, que forma una densa capa compacta de raíces que no permite a la tortuga excavar y colocar sus huevos. La vegetación nativa sí permite con tranquilidad la anidación”.

Otra disposición es que los dueños utilicen correas cuando salen con sus perros de sus casas ya que molestan a la fauna silvestre. Incluso hay mascotas que cazan a los cangrejos y excavan para comerse los huevos de las tortugas en los nidos que están a 40 cm de la superficie.

Un plan para reordenar a la comuna

De viveros se trae a las plantas nativas que son sembradas. Foto: Cortesía de Punto Verde

Una propuesta del Plan de Manejo de Playa de Mar y Franja Adyacente, una exigencia del Código Orgánico del Ambiente a todos los municipios costeros del país, se hizo de forma consensuada con los pobladores de la comuna de Olón a través de talleres en los que se evidenció el conflicto entre los diferentes usuarios de la playa.

El planteamiento incluye estrategias que buscan la conservación del medioambiente. Una de las acciones fue la colocación de tachos con fondo de plástico forrados con madera de teca para recolectar la basura en la playa.

Además, se hizo una campaña de desparasitación de mascotas y se repartieron correas y collares para que los perros salgan de sus casas con la guía de sus dueños. Los parásitos de las heces de las mascotas pueden transmitirse y afectar a la fauna silvestre, asegura Chávez.

Si la comunidad está consciente de estos problemas ellos mismos colaborarán para que no se sigan produciendo más impactos, explica.

La señalización en Olón incluye la prohibición de no recoger a las crías de tortugas de la arena para llevarlas al mar. “Ellas tienen que escuchar el sonido de las olas, percibir la pendiente de la playa y la estructura de la arena porque graban en su memoria ese momento y ya adultas siempre regresarán a la playa donde nacieron para anidar, entonces se necesita el proceso natural de que ellas experimenten la textura de la arena en el trayecto del nido hacia el agua”.

También, una tortuga anidando no debe ser molestada con el flash de las cámaras, lo que también se señala en los letreros. (I)