Los madrileños afrontan desde este viernes un nuevo estado de alarma, el segundo tras el que estuvo en vigor entre marzo y junio pasados, y lo hacen sin grandes cambios con respecto a ayer o al viernes pasado. Son pocos los viajeros que se ven en las estaciones de tren o en el aeropuerto, y las terrazas de los bares cuentan con una afluencia parecida, así como el tráfico, bastante similar al de las últimas semanas.