Nueve propuestas para los Gobiernos de la región, entre ellos el de Ecuador, surgen de la iniciativa Pacto Social, Ecológico, Económico e Intercultural para América Latina, impulsada por varios líderes y oenegés regionales identificados con la tendencia de izquierda.

La plataforma se creó en junio pasado, pero se presentó la semana anterior .

Por Ecuador participan, entre otros, Pablo Ospina, Alberto Acosta, Natalia Sierra, Édgar Isch, Billy Navarrete, Carolina Portaluppi, Pablo Minda, Natallia Greene, Blanca Chancoso, Ana Cecilia Salazar y Esperanza Martínez.

Y unas 50 oenegés, como la Red Ecuatoriana de Cultura Viva Comunitaria, Red Cultural del Sur, Acción Ecológica, Comisión Ecuménica de Derechos Humanos, Geografía Crítica, YASunidos, Unión de Afectados por Texaco, Ecuador Decide, Frente Unitario de Trabajadores y otras.

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Las propuestas se refieren a los modelos económicos, la soberanía alimentaria, las libertades, los sistemas de protección y sanitarios, entre otros.

Así, por ejemplo, como parte de una “transformación tributaria solidaria”, hablan de crear un impuesto a las grandes fortunas, rentas y herencias, e impuestos al daño ambiental.

Plantean, además, la anulación de las deudas externas de los Estados en el contexto de la pandemia del COVID-19.

También la creación de una renta básica universal, es decir, una especie de sueldo para los pobres, que sustituya a la política de entrega de bonos.

Priorizar la soberanía alimentaria con la redistribución de la tierra, el acceso al agua, políticas de reforma agraria, y que se dé énfasis a la producción agroecológica, agroforestal, pesquera, tanto campesina como urbana.

Los voceros del Pacto dicen, asimismo, que se necesita salir del extractivismo de recursos naturales no renovables.

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También creen que es urgente fortalecer espacios de comunicación desde la sociedad, y la creación de sistemas de cuidado y protección que revaloricen los roles de género.

E impulsar la autonomía y sostenibilidad de las sociedades locales. “La pandemia ha mostrado la fragilidad de las cadenas globales de producción y la riqueza de los esfuerzos locales y nacionales. La creatividad de los pueblos debe ser la base para los cambios políticos que promuevan la autonomía y sostenibilidad de los territorios”, se indica.

Y, finalmente, impulsar un proceso de integración regional y mundial soberana.

¿Y cómo aterrizar este discurso? Esperanza Martínez, directiva de Acción Ecológica, da algunos ejemplos.

“Como una prioridad se planteó una propuesta de ley que enfrente no solamente la deuda, sino la reforma tributaria y la renta básica, porque están articulados. La época electoral hace que la propuesta no sea tan viable; entonces vamos a influir en los candidatos para que asuman compromisos, para que la agenda entre en la política a nivel del parlamentario”, indica.

Otros puntos como la política del cuidado y la soberanía alimentaria van a los escenarios locales con los gobiernos descentralizados. Otros tienen que ver directamente con la sociedad, la disputa de escenarios y la comunicación, se hará desde asambleas sociales, participativas, locales, indica.

Patricia Gualinga, defensora del pueblo de Sarayaku, señala que ve con esperanza que se empiece a cuestionar un modelo obsoleto que ha sometido al país a una crisis terrible, no solamente por el coronavirus, sino por los impactos del extractivismo.

El Pacto Ecosocial, explica, pretende hacer ese cambio profundo que tiene que empezar desde nosotros, pero también en las sociedades.

“Desde los pueblos indígenas como Sarayaku tenemos nuestra propuesta de cómo relacionarse con la tierra, con la madre naturaleza. Uno debe considerarla como sujeto de derechos, como un ser vivo consciente”, dice.

“El Pacto Ecosocial no es un listado de demandas para los gobiernos de turno, es una invitación para construir imaginarios colectivos y una base de lucha en los más diversos ámbitos de nuestra sociedad”, advierte Maristella Svampa, socióloga argentina. (I)