Un estudio realizado por la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol) en 2016 determinó que en la cuenca del Guayas hay más de 50 puntos que tienen una calidad de agua pobre, mala y muy mala. En esta zona se encuentra el río Daule, que dota de agua a Guayaquil.

“Hay cerca de dos millones de personas que habitan aguas arriba del Daule, es decir, dos millones de personas que realizan descargas al río y Guayaquil está en ese conjunto de descargas. Debemos prestar mucha atención al tema del agua que utilizamos para potabilizar”, dice Luis Domínguez, director del Centro de Agua y Desarrollo Sustentable de la Espol.

Tratar aguas con más contaminantes requiere, incluso, de nuevas tecnologías que tienen ciertas patentes y elevan los costos. Además, con altos niveles de turbiedad no se puede potabilizar porque la cantidad de químicos que se agregan hace que el proceso no sea sostenible, es decir, es más la inversión que se realiza en la potabilización que lo que se recibe y “no es negocio”, según Domínguez.

Otro de los problemas detectados es que en la cuenca del Guayas hay 32 000 hectáreas dedicadas a la agricultura.

En Ecuador, el 80 % o 90 % del agua que extraemos para nuestro uso es para la agricultura y hay contacto con agroquímicos que finalmente pueden terminar en nuestra agua fuente (el río Daule). La reflexión es si los tratamientos que estamos aplicando son los más adecuados para remover estos contaminantes”, señala.

Además, se está lidiando con los llamados contaminantes emergentes, que son fármacos y productos para el cuidado de la piel que terminan en los ríos. Estos compuestos representan una amenaza para la salud de la población.

El especialista también hace hincapié en las ‘fuentes de contaminación difusas’ que se generan principalmente en el sector agrícola. Las descargas que se realizan en una hacienda o zona agrícola no ocurren por una única tubería, sino a lo largo de todo el perfil del río y esto es más difícil de controlar, dice Domínguez.

“Debe haber un adecuado manejo de estos nutrientes, agroquímicos que son necesarios, pero a veces pecamos al decir pongamos un poco más por si acaso”, señala.

El uso en exceso de sustancias como nitrógeno y fósforo, muy utilizados en los campos de cultivo, puede llevar al crecimiento de algas tóxicas que afectan la calidad del agua. “Una de las grandes amenazas es que promovamos que nuestros ríos crezcan estas plantas. Hasta ahora no hemos detectado estas algas, pero sí la presencia de nutrientes a veces en niveles que pueden ser preocupantes”, dice Domínguez. (I)