El mirador de la parroquia rural Turi es un lugar obligado para las visitas de turistas nacionales y extranjeros. Y detrás de este atractivo hay quienes conservan oficios tradicionales, su arte y hasta leyendas.

Son las 08:00 de un día ordinario y en Turi, una de las principales parroquias rurales de Cuenca, empieza el movimiento. Llegan deportistas en bicicletas, un grupo de amigos que se toman una foto antes de ir al trabajo y algunos vecinos que pasan santiguándose para que todo les salga bien.

Según la tradición oral de los lugareños, La Talanguera es el sitio en el que pasaban cosas increíbles y hasta temidas. “Ahí vivía el diablo”, cuenta Carmen Merchán mientras teje la lana de oveja del guango.

Ella escuchó hablar de este mito a sus padres y abuelos. Ellos le contaron que cada vez que llovía con fuerza, el agua que se empozaba en el lugar donde se unen las quebradas Tres Aguas y Chilca Huaico se volvía turbulenta y la gente que se trasladaba a caballo esperaba que el nivel bajara para cruzar. “Al frente miraban a un señor tapado con un poncho y decían que era el diablo. Ellos le pasaban dando la mano y cuando este sacaba la suya para estrecharla, notaban que era lanuda y los caballos se asustaban”.

Publicidad

Mayra Arias, artesana nativa de Turi, recuerda otra versión, la que le contaron sus mayores. Cuando alguien se “chumaba” (tomaba licor hasta perder el sentido), amanecía dentro de La Talanguera como un castigo a su falta. Estas mujeres coinciden en que actualmente este lugar está descuidado y debe ser recuperado, incluso para atraer más turismo.

Pero lo que es comprobable y cierto es la habilidad de su gente para mantener oficios que combinan el arte con el emprendimiento. Hugo Baculima es dueño de Velas Benditas, un proyecto familiar que empezó hace 22 años. Según este hombre, con cuatro décadas en el oficio, “desde Turi se ilumina a todo el Ecuador”, porque las velas que desde aquí producen 50 familias se venden en la ciudad y se exportan a otros países con la ayuda de familiares o amigos migrantes a Estados Unidos.

Su especialidad son las velas y los cirios para las celebraciones religiosas. Y aunque esos se hacen a máquina, hay otros que aún necesitan del ingenio y las manos del artesano. Son las decoradas con una especie de hojas de parafina de diferentes colores y formas. Sus hijos continuarán con el legado porque siguen el oficio.

Una radio con música bailable da la bienvenida a la carpintería de David Cumbe, quien lleva 18 años en el oficio. En medio de los muebles, él tiene lista su botija (vasija redonda de barro de cuello corto y estrecho) para participar en las fiestas de la parroquia, el 15 y 16 de febrero. Con varios de sus vecinos empezará a preparar la chicha de jora para ganarse el primer lugar, dice.

Otros artesanos como Alba Arias tallan sus productos artesanales, como un pequeño mural de la iglesia principal en barro, para venderlo a los turistas que copan el mirador todos los fines de semana. (F)

Rehabilitación de mirador

Paúl Pañi, presidente del Gobierno Parroquial, comenta que su principal proyecto para este 2020 es la rehabilitación del mirador de Turi para convertirlo en un espacio que mejore la atención al turismo y que al mismo tiempo potencie las actividades productivas de sus artesanos. A mediano plazo está también el crear un corredor turístico en esta parroquia rural de Cuenca. (I)