Otra costumbre guayaquileña que felizmente no sucumbe de manera total a la modernidad es la presencia de los vendedores de pan, que al promediar la tarde desarrollan su actividad por las calles de la ciudad y ofrecen al vecindario variadas y sabrosas preparaciones (rosas, palanquetas, enrollados, briollos, roscas, palillos, etcétera), recién salidas del horno tradicional de leña o de los que en la época actual funcionan con gas.