Atención médica y cariño es lo que más le sobran a una bebé recién nacida que el pasado domingo fue abandonada en la iglesia católica San Alejo, ubicada en el sector de la Bahía, en el centro de Guayaquil.

La pequeña se encuentra en el hospital de niños Roberto Gilbert, de la ciudadela Atarazana, a donde fue trasladada poco tiempo después de que su supuesta madre la dejara en el templo religioso.

En la casa de salud la niña ha encontrado protectores. Se conoció que médicos y enfermeras la visitan a diario y le hacen obsequios, le compran leche, pañales y otras cosas, independientemente de la asistencia que le ofrece la Junta de Beneficencia de Guayaquil.

El doctor Enrique Valenzuela, director del complejo hospitalario Alejandro Mann (que incluye el hospital de niños y el hospital de la Mujer recién inaugurado), explicó que desde que la niña fue puesta en manos de la institución ha recibido atención integral.

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Manifestó que fue ingresada al área de emergencias, donde se le practicaron una serie de análisis médicos de control, “y se le dio el cariño que debe tener todo recién nacido; ha evolucionado perfectamente bien, ya salió de emergencia y se encuentra actualmente en una sala del hospital”.

Valenzuela indicó que ahora están a la espera de las decisiones judiciales y aseguró que mientras eso ocurre, en el hospital no le faltará “cuidado, cariño, amor y atención”. El día de su abandono, el caso fue puesto en conocimiento de la Fiscalía y de la Dirección Nacional de la Policía Especializada en Niños y Adolescentes (Dinapen).

De sus familiares, hasta ayer no se conocía nada. Ni en el Ministerio Público ni en el hospital se habían presentado.

El domingo, una mujer joven se acercó a una feligresa en el momento de la comunión, durante la misa, y le pidió que le tuviera a la bebé.

No obstante, el tiempo pasó y la presunta progenitora nunca volvió. Enseguida, la feligresa comunicó el hecho a la Policía, y denunció el caso en la Fiscalía, a donde llegó con la pequeña.

Se desconoce el nombre con que los padres o familiares iban a llamar a la bebé, y en la casa de salud no se atreven a ponerle uno. Valenzuela considera que esa es una potestad exclusiva de los progenitores. “No debemos, esperemos que regrese donde debe estar la niña...”.

Mientras tanto, César Piechestein, párroco de la iglesia, pidió no juzgar a la madre. “No sabemos qué la motivó a hacer lo que hizo...”. (I)