“Muchas noches dormí en medio de los dos, en la alcoba presidencial. Haciéndome el dormido pude escuchar cómo cada uno se contaba sus planes del día siguiente. Se aconsejaban. Eran, sin duda, la pareja perfecta. Más que la dupla de un presidente y su primera dama, o un papá y una mamá. Eran realmente un solo equipo”.