Miles de brasileños exigían ayer en las calles la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, pero hasta el mediodía la asistencia era débil en una decena de estados del país.

Las protestas contra la mandataria izquierdista servirán de test para medir la insatisfacción popular y pueden pesar en el voto de los legisladores que estudian su impeachment (destitución) en el Congreso por maquillar las cuentas públicas.

“Estamos cansados. Queremos cambiar. ¡Sacar a esta pandilla de corruptos!”, dijo un activista en un altavoz en Brasilia, donde la Policía estimó que unas 6.000 personas se reunieron frente al Congreso, en la más pequeña de las cuatro manifestaciones importantes de este año en rechazo a Dilma Rousseff. En el acto, resaltó un muñeco inflable con la imagen de la mandataria y con una gran nariz, apodado Dilmentiras.

Una comisión del Congreso está analizando un juicio político contra Rousseff por supuestamente violar las leyes de presupuesto para aumentar el gasto durante su campaña de reelección en 2014. El líder de la Cámara Baja, Eduardo Cunha, abrió un proceso de juicio político contra Rousseff el 2 de diciembre pasado. Actualmente, la oposición no tendría los votos para destituir a la presidenta, quien niega el delito. Ella desea terminar su mandato. (I)