Tiene aproximadamente 3 años, está descalzo y viste una gastada camiseta y pantaloncillos cubiertos de polvo; no soporta más, y en medio de un gesto de desconsuelo expulsa el llanto que le provoca el hambre acumulada durante días. La necesidad de comer la comparte con su hermano, unos tres años mayor y que está junto a él mientras contempla a su padre, un enjuto hombre que retira las hojas secas de una mazorca árida en una zona rural de Honduras. La escena fue captada por las cámaras del canal internacional Deutsche Welle (DW) en un reportaje que difundió esta semana sobre la sequía que entre marzo y agosto pasados sumió en un infierno a ese país centroamericano, que, en contraste, lleva tres meses sufriendo severas inundaciones.
Honduras ha sido la nación más afectada del mundo entre 1994 y el 2013 por eventos climáticos extremos, según un informe de la ONG alemana German Watch presentado en Lima esta semana en el marco de la vigésima cumbre mundial de las Naciones Unidas sobre el cambio climático (COP20), que se realiza hasta el 12 de diciembre y que convoca a 195 países.
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Hambre, pérdidas materiales y de vidas humana, animal y vegetal son el efecto de los desastres naturales cada vez más frecuentes en diferentes regiones. Según el Índice de Riesgo Climático Global que se detalla en el informe de German Watch, cinco de las diez naciones más afectadas en esos 19 años son de Latinoamérica (ver tabla); y en el registro del 2013, la lista incluye a México (segundo lugar ) y a Argentina (noveno lugar). En el ranking de las 20 más impactadas ese año aparecen Bolivia y Paraguay. Ecuador está en el puesto 46.
Michael Wadleigh, profesor de Harvard y vocero del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), ha estimado que las anomalías climáticas matan a más de medio millón de personas al año, pues el incremento en la frecuencia e intensidad de olas de calor extremas o de friajes genera graves riesgos para la salud y, por ejemplo, facilita el contagio de enfermedades como el dengue, la malaria o el chikungunya.
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Esta semana, las noticias que se dieron desde el recinto militar conocido como Pentagonito, en el distrito de San Borja, donde se realiza la COP20, han sido de alerta frente a los datos que surgen de una serie de informes realizados por equipos interdisciplinarios de organizaciones internacionales. Uno de ellos, por ejemplo, anunció que este año sería el más caliente de los que existen registros.
No es una situación aislada. El secretario general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Michel Jarraud, advierte al respecto: Si las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por actividades humanas siguen aumentando, la temperatura media de la atmósfera inferior de la Tierra se incrementaría en más de 4 ºC a finales del siglo XXI.
¿Qué significa realmente un aumento de la temperatura media mundial? ¿Cómo se lo viviría? Para averiguar lo que podría ocurrir, la OMM invitó a varios presentadores del tiempo en televisión del mundo a que imaginaran cómo sería un “informe meteorológico del año 2050”.
Un ejercicio que solo constituye una recopilación de escenarios posibles y no de pronósticos verdaderos, pero que da una visión más clara de lo que ya ocurre. Los tonos rojos que hablan de olas de calor, por ejemplo, bañan el mapa de España en el reporte imaginario fechado al 2050, en el que se registran temperaturas superiores a los 44 ºC, sobre todo en la costa del Mediterráneo, en una simulación que hace Televisión Española.
“¿Qué podemos hacer para evitar esta posible crisis?”, pregunta el científico y cineasta Michael Wadleigh al público que lo acompañó en un evento paralelo a la COP20. Y da una respuesta: “Pues al igual que usamos un termómetro para controlar nuestra fiebre, debemos tener un factor de medición. Si los científicos concuerdan que son las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) las que suben la temperatura del planeta, tenemos que saber hasta cuánto podemos seguir cargando nuestra atmósfera con estos gases”.
Y echa mano de los informes que hacen el diagnóstico de la situación: “Los expertos que estudian esta materia dicen que no debemos sumar más de 790 Giga toneladas de Carbono (GtC) en nuestra atmósfera, de lo contrario, pasaremos el umbral de los 2 °C (considerado por los informes del IPCC como el máximo tolerable para evitar grandes desastres). Lo que nos pone en una situación de alto riego es que a la fecha ya hemos acumulado 543 Giga toneladas de carbono. Al ritmo actual de emisiones, en tan solo 21 años, estaremos enfrentando los efectos de nuestra negligencia”, recalca.
Los efectos están por todos lados, pero también las causas. En la Amazonía, por ejemplo, según un reporte difundido en la COP20 por científicos y comunidades indígenas, el 55% del carbono, contenido en territorios indígenas y áreas protegidas, está en riesgo por efecto de la tala ilegal, la minería, las plantas de hidrocarburos, las represas y los proyectos agrícolas.
El documento señala que el incumplimiento de los derechos territoriales indígenas es otro factor que pone en peligro a los bosques de países tropicales.
El Banco Mundial también aportó con datos. Un informe presentado esta semana estima que, a mediados de siglo, el sistema atmosférico de la Tierra puede llegar a un calentamiento cercano a los 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales.
Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial, recalcó que “el informe confirma lo que los científicos han venido diciendo, esto es, que las emisiones del pasado han marcado una tendencia inevitable hacia el calentamiento global en las próximas dos décadas, lo que afectará en mayor medida a las personas más pobres y vulnerables”.
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De los quince años más cálidos desde que se registran las temperaturas (1880) han ocurrido durante el actual siglo XXI.