En el 2002, el quiteño Eduardo Samaniego se sumergió por primera vez en las aguas termales que vertían de la tierra de una comunidad shuar, en la zona de Balao Chico, en Naranjal. Dice que apreció un panorama muy natural y que este se mantiene, pese a que el ahora complejo turístico incorporó más piscinas y espacios recreativos para los turistas que llegan a este rincón, adentrado en un área montañosa.