Los sábados y domingos son días en que decenas de familias saturan la playa de Salitre, lo que satisface a dueños de cabañas y vendedores de comidas. Arturo Romero, propietario de un techado, afirma que los comerciantes están orgullosos de que su balneario despunte como el primero en el país en lo concerniente a agua dulce.