Tener metas, vivir con propósitos. Eso motivó a una mujer argentina, nacida en Tucumán, que cumplió su sueño académico a los 65 años. A esa edad se alzó con su título de antropóloga y no piensa dejar de estudiar. Va por una maestría.
Se llama Alicia Sant Tochón, es hija de un ingeniero y pareja de un militar. De esa unión nacieron cinco hijos.
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Sus acercamientos con la universidad empezaron cuando tenía 18 años. Hoy, 47 años después la felicidad se desborda en sus ojos.
Así la muestran las fotografías donde se le ve con birrete, como esperando la fiesta de graduación. En ellas sale con un cartel en el que se lee: “Dígame licenciada”.
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No hay edad para aprender
“Me encanta aprender, me encanta estudiar”, dice Alicia Sant Tochón a La Nación.
Para llegar al momento con el que coronó a sus 65 años su vida universitaria mucha agua pasó bajo el puente.
Dice que primero quiso ser bióloga. Luego, pensó en seguir la carrera de su padre y durante un año estudió ingeniería.
“Hice un año y me fue bien, pero era tan desagradable ir a la facultad para mí. Tenía que combinar el bienestar emocional con lo intelectual”, comenta al medio sureño.
A los 21 años se casó y por la formación militar de su marido las mudanzas fueron frecuentes por años.
Los hijos fueron naciendo y se dedicó a ellos, a su hogar.
La idea de estudiar no salió de su meta y volvió varias veces a la universidad. Empezó las carreras zoología, lenguaje de programación, abogacía, diseño de interiores y licenciatura en letras.
Al final, todo fue una serie de intentos en diversas disciplinas.
Para Alicia, a la séptima fue la vencida
En el 2009 la familia se radicó definitivamente en Córdoba y, de acuerdo con La Nación, la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) “se convirtió en su hogar académico”.
Cuatro años más tarde, a sus 52 años, se inscribió para estudiar a la licenciatura en antropología.
Destaca La Nación, “a diferencia de sus experiencias previas, esta vez la elección se sintió definitiva”.
Para esta argentina, las dificultades familiares no se extinguieron y con franqueza señala: “También había asuntos que atender en mi casa, así que mi vida no siempre transcurrió 100% para la facultad”.
Pero, esta vez no soltó la carrera. En medio de altibajos, echó hacia adelante y la pandemia del covid ni su larga cuarentena la frenaron.
Alicia recuerda: “Entré en 2013 y en 2020 rindo mi última materia, en plena pandemia”.
Presentó su tesis, inspirada en el ‘encierro’ y distanciamiento en pandemia. Lleva por título: “Hogar dulce hogar. Igualdades – desigualdades en la reconstrucción de las organizaciones domésticas a partir del confinamiento por covid-19 en la ciudad de Córdoba”.
La defensa fue el 18 de febrero de este 2026 y la universidad hizo públicas las felicitaciones para Alicia.
Lo logró: es licenciada. Y analiza si hacer un doctorado o una maestría. Expresa a La Nación: “Me gustaría trabajar como antropóloga”.
La edad es un número
Esta madre de cinco hijos ya tiene 66 años y piensa que en este mundo todos caben.
Alicia cree que no hay edad para aprender y comparte: “Aprendemos permanentemente durante toda nuestra existencia”. Por lo que advierte: “Quien no tiene proyectos, muere”.
“En este mundo hay lugar y espacio para todos, no importa la edad que tengas. Yo creo que lo único que depende son las ganas”, afirma Alicia Sant Tochón, licenciada en antropología. (I)